Mantenerse saludable es parte de seguir vivo

Durante décadas, hablar de longevidad se centraba principalmente en aumentar la esperanza de vida. Hoy, se contempla la importancia de mantener la independencia, la movilidad, la función cognitiva y la calidad de vida. En el ámbito de la nutrición, hablar de vejez es hablar también de masa muscular. Con el envejecimiento existe una pérdida progresiva de masa y función muscular, con consecuencias sobre la movilidad, la fuerza y el metabolismo.

En los adultos mayores, una de las prioridades clínicas es prevenir o minimizar la pérdida de masa y función muscular. Por ello, las recomendaciones de proteína deben individualizarse. Las guías de ESPEN señalan que las personas mayores deberían consumir al menos 1g de proteína/kg/día, individualizando la recomendación. En adultos mayores sanos, se han propuesto con frecuencia ingestas de 1.0 a 1.2 g/kg/día.

Además de asegurar un consumo adecuado de proteína, la evidencia relacionada con un envejecimiento saludable y con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad, algunos tipos de cáncer y enfermedades neurodegenerativas respalda patrones alimentarios caracterizados por un mayor consumo de comida saludable junto con un consumo limitado de alimentos procesados y ultraprocesados.

De cierta manera, envejecer cambia las reglas nutricionales. En etapas tempranas de la vida, gran parte del enfoque se dirige a prevenir el exceso de energía, la obesidad y las enfermedades cardiometabólicas. Sin embargo, con el avance de la edad aparecen otros desafíos, como la pérdida de masa muscular y fuerza, la disminución del apetito y el deterioro progresivo de la capacidad funcional.

Por lo tanto, considero importante priorizar la construcción y el mantenimiento de la masa muscular desde etapas tempranas de la vida, especialmente mediante una alimentación adecuada y ejercicio de fuerza.

La nutrición para la longevidad consiste en construir, la capacidad física y metabólica necesaria para llegar a los últimos años de vida con la mayor autonomía posible. Aunque no existe una receta única para la longevidad, sí encontramos evidencia sobre los beneficios de integrar una alimentación saludable, actividad física (especialmente ejercicios de fuerza) y otros componentes del estilo de vida, como un sueño adecuado, vínculos sociales y revisiones médicas preventivas.

Envejecer bien no significa únicamente sumar años a la vida, sino sumar calidad de vida, función y autonomía a esos años, previniendo enfermedades no deseadas.

Lee más contenido de nuestra colaboradora Luisa Nieto