Una mirada desde la nutrición
En los últimos años, el medicamento Ozempic ha ganado una enorme popularidad más allá de su uso médico original para convertirse en un fenómeno social asociado a la pérdida de peso. Este auge ha generado preguntas sobre su seguridad, especialmente en relación con sus efectos a largo plazo y el papel que juega la nutrición en las personas que lo utilizan.
Ozempic, nombre comercial de la semaglutida, es un fármaco desarrollado inicialmente para el tratamiento de la diabetes tipo 2. Sus funciones incluyen: la regulación del apetito, la secreción de insulina y el control de la glucosa en sangre, permitiendo mejorar el control glucémico y reducir el riesgo cardiovascular.
Como efecto secundario, en diversos estudios clínicos, se observó que muchos pacientes experimentaban una pérdida de peso significativa, ya que, desde el punto de vista nutricional, Ozempic influye en la alimentación aumentando la sensación de saciedad, disminuye el hambre y retrasa el vaciamiento gástrico, reduciendo de esta manera la ingesta calórica.
Estos efectos pueden facilitar la pérdida de peso, sin embargo, es frecuente que se presenten náuseas, vómito y diarrea. Además, su uso prolongado se ha asociado con el riesgo de problemas de vesícula biliar y episodios poco frecuentes de pancreatitis. Lo anterior puede afectar en la absorción de nutrimentos y la adherencia a una alimentación equilibrada y completa.
Una pérdida de peso rápida, especialmente sin un plan nutricional adecuado, puede implicar pérdida importante de masa muscular, aumentando el riesgo de sarcopenia (enfermedad progresiva caracterizada por la pérdida de masa muscular) en adultos mayores o personas con bajo consumo proteico.
Reducir la cantidad de alimentos ingeridos sin un plan de nutrición adecuado, puede disminuir de manera significativa el aporte diario de proteínas, hierro, calcio, vitamina B12 y otros micronutrimentos esenciales. Por ello, el acompañamiento nutricional es clave durante el uso prolongado del medicamento.