Tendiendo puentes
Mi padre era un hombre que, por su carácter alegre y abierto, se relacionaba muy fácilmente con personas que apenas había conocido. Era común que esos desconocidos se convirtieran en personas que lo buscaban y compartían la mesa y la vida. Mi padre era un experto en construir puentes en donde no había nada.
Con el tiempo entendí que heredé parte de esa capacidad, de esa veta de ingeniero. Y gracias a esto, me ha llevado a forjar amistades entrañables, llegar a lugares a los que nunca hubiera imaginado y generar negocios con importantes alianzas en distintos países. Por otra parte, también me ha permitido acompañar a mis clientes hacia nuevos mercados y descubrir oportunidades.
Hoy que vivimos en una época donde las malas noticias son el común denominador, donde los teléfonos inteligentes nos absorben e impera el individualismo, creo más que nunca en la importancia de tender puentes: hacia otras personas, culturas, ciudades y países. ¿Por qué? A continuación, enumero las razones que considero más importantes:
1. Rompe paradigmas. Darse la oportunidad de conocer nuevas personas, ciudades y países abre la visión de la vida; descubres nuevas formas de hacer las cosas y cada experiencia ofrece perspectivas sobre cómo resolver situaciones o desarrollar nuevos proyectos.
2. Despierta la creatividad. Al conocer otras visiones, culturas e incluso problemáticas, surgen ideas que pueden convertirse en grandes negocios. A veces, las mejores iniciativas surgen de observar cómo otros enfrentan desafíos cotidianos.
3. Conecta. La función de un puente es unir culturas, ideas, comercio, amistad y talento, por lo que construir relaciones que trasciendan lo profesional pueden favorecer el intercambio empresarial o humano.