Creando una identidad estratégica para el éxito.

Hace unos años tuve la oportunidad de dar una conferencia en un evento empresarial donde se iban a impartir varios temas durante una semana, y cuando recibí la publicidad, me di cuenta de que yo era la única ponente mujer, lo cual me generó una ambivalencia en emociones porque por un lado me sentía feliz de haber sido invitada y por el otro, me preguntaba, ¿por qué no hay más mujeres en este foro?

Al iniciar mi ponencia, un hombre se me acercó y me preguntó que si ya me había dado cuenta de que era la única mujer ponente y agregó: “A ver si das el ancho”, a lo que contesté con tranquilidad: “Le invito a escuchar lo que les quiero compartir y al final me gustaría que me retroalimentara”.

Y efectivamente, al finalizar mi conferencia, el hombre volvió conmigo y me dio las gracias por lo compartido y me felicitó. Sin embargo, con esta experiencia me pregunté: ¿a cuántas de nosotras nos ha causado inseguridad una situación así sabiendo que somos capaces y tenemos el talento?

Por otro lado, frecuentemente escucho comentarios sobre que no tenemos las mismas oportunidades de trabajo que los hombres y con base a las estadísticas que dicen que solo el 3% de las direcciones generales de las empresas en México y el 47% de los propietarios de MiPyMES son mujeres, podría llegar a pensar que es cierto (IMCO, Mujeres en las empresas, 2025).

Sin embargo, a pesar de los datos anteriores, esto no nos debería poner a competir frontalmente con los hombres, porque los puestos deben ser ocupados por la persona que cubra mejor los conocimientos y las habilidades que se requieren, indistintamente del género que sea, más bien, debería impulsar a las mujeres a fortalecer nuestra autoconfianza para sentirnos seguras de que podemos ocupar los puestos para los que estamos preparadas.

La autoconfianza, base del éxito, se genera cuando desarrollamos habilidades, aprendemos nuevos conocimientos y, sobre todo, tenemos la identidad adecuada para lograr lo que nos proponemos, esta última, está constituida por nuestras creencias potenciadoras.

 

Desafortunadamente, en ocasiones, nuestra identidad, que se ha formado en el pasado, tiene creencias limitantes que nos impiden llegar a ser lo que queremos. Por ello, necesitamos revisar si necesitamos hacer un cambio en ella para poder creer más en nosotras, ser mejores líderes y ocupar ese lugar que deseamos y que está justo ahí, esperándonos.

 

Lee más contenido de nuestra colaboradora Vanessa Gómez