Es muy común que, por cuestión de tiempo y cansancio, muchas personas llegan a casa, cenan y pocos minutos después, se acuestan a dormir. Aunque este hábito parece irrelevante, existe evidencia científica que sugiere que esto puede afectar la salud digestiva, la calidad del sueño y con el tiempo, el metabolismo.
Permanecer parados por determinado tiempo después de cenar, ayuda a mantener los alimentos y los jugos gástricos en el estómago. Cuando nos acostamos inmediatamente después de cenar, el contenido del estómago permanece más tiempo en una posición que favorece el reflujo gastroesofágico, provocando síntomas como acidez y despertar frecuentemente, especialmente en personas que padecen por reflujo.
Además, el organismo sigue un reloj biológico conocido como ritmo circadiano, que regula funciones como la digestión, la producción hormonal y el metabolismo de la glucosa. Durante la noche el cuerpo disminuye la sensibilidad a la insulina y se prepara para el descanso, no para procesar comidas abundantes. Diversos estudios han concluido muy cerca de la hora de dormir se asocia con un peor control glucémico, mayor riesgo de sobrepeso y alteraciones cardiometabólicas.
Otro aspecto que se ve afectado por este hábito es la calidad del sueño. Una digestión activa puede retrasar el inicio del descanso o favorecer despertares nocturnos. Dormir menos o dormir mal altera hormonas relacionadas con el apetito, como la grelina y la leptina, favoreciendo un mayor consumo de alimentos al día siguiente y perpetuando un círculo que dificulta el control del peso.