Es muy común que, por cuestión de tiempo y cansancio, muchas personas llegan a casa, cenan y pocos minutos después, se acuestan a dormir. Aunque este hábito parece irrelevante, existe evidencia científica que sugiere que esto puede afectar la salud digestiva, la calidad del sueño y con el tiempo, el metabolismo.

Permanecer parados por determinado tiempo después de cenar, ayuda a mantener los alimentos y los jugos gástricos en el estómago. Cuando nos acostamos inmediatamente después de cenar, el contenido del estómago permanece más tiempo en una posición que favorece el reflujo gastroesofágico, provocando síntomas como acidez y despertar frecuentemente, especialmente en personas que padecen por reflujo.

Además, el organismo sigue un reloj biológico conocido como ritmo circadiano, que regula funciones como la digestión, la producción hormonal y el metabolismo de la glucosa. Durante la noche el cuerpo disminuye la sensibilidad a la insulina y se prepara para el descanso, no para procesar comidas abundantes. Diversos estudios han concluido muy cerca de la hora de dormir se asocia con un peor control glucémico, mayor riesgo de sobrepeso y alteraciones cardiometabólicas.

Otro aspecto que se ve afectado por este hábito es la calidad del sueño. Una digestión activa puede retrasar el inicio del descanso o favorecer despertares nocturnos. Dormir menos o dormir mal altera hormonas relacionadas con el apetito, como la grelina y la leptina, favoreciendo un mayor consumo de alimentos al día siguiente y perpetuando un círculo que dificulta el control del peso.

Lo interesante de esto es que ligeros cambios pueden generar beneficios relevantes. Las principales sociedades científicas recomiendan dejar transcurrir entre dos y tres horas entre la cena y el momento de acostarse. Este tiempo permite que inicie el vaciamiento gástrico, disminuye la probabilidad de reflujo y favorece un descanso más reparador. En personas con enfermedad por reflujo gastroesofágico, respetar este intervalo es aún más importante.

La elección del tipo de alimentos en la cena también influye. Lo ideal es comer de manera moderada y consumir proteína de buena calidad y fibra, evitando el exceso de grasa, picantes, chocolate, alcohol y bebidas con cafeína si existe tendencia al reflujo.

En nutrición, los horarios también forman parte del tratamiento. No solo afecta qué comemos, sino también en qué momento lo hacemos. Pequeños ajustes en el horario pueden convertirse en grandes beneficios que van más allá de la digestión, permitiendo un mejor sueño, metabolismo más eficiente y, por lo tanto, una salud integral a largo plazo.

Fuentes

Banner Health. (2024, 23 de febrero). Reflujo ácido y sueño: cómo controlarlo por la noche. Banner Health. www.bannerhealth.com 

Clemente, J. (2023, 17 de agosto). Ritmos circadianos, metabolismo y alimentación: un triángulo clave para la salud. Cuaderno de Cultura Científica. culturacientifica.com

García, A. (2025, 2 de junio). La hora de la cena importa: esto es lo que le pasa a tu metabolismo. The Conversation. theconversation.com 

Instituto Europeo del Sueño. (2020, 10 de junio). Cenas pesadas y reflujo: su impacto en el insomnio. Instituto Europeo del Sueño. institutoeuropeodelsueno.es

Martínez, S. (2026, 13 de febrero). Cómo influye el horario de la cena en la salud del corazón. Infobae. www.infobae.com

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