Educador con amplia trayectoria, asume el reto de dirigir la Universidad
La Salle Bajío guiado por su vocación de servir a la comunidad

Nacido en la Ciudad de México, Roberto es lasallista desde su infancia. Ingresó al Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y ha dedicado su carrera a la docencia, la formación vocacional y a la participación en distintos colegios y universidades La Salle. Después de desempeñarse como vicerrector de Bienestar Universitario en La Salle Bajío, asume la rectoría, cargo que ocupará hasta el año 2029. En una plática íntima, conocimos más detalles tanto de su vida personal como profesional.

¿Recuerdas el momento en que decidiste que te querías dedicar a la enseñanza?

Sí, lo tengo muy marcado y muy presente. Eso se lo debo a un maestro llamado Jorge Alberto Calderón. Era un maestro muy dinámico, muy cercano a los estudiantes, con una caligrafía impresionante que yo no he vuelto a ver en ningún lado. Y era el maestro que en el recreo salía a jugar con nosotros, nos retaba, nos llevaba de paseo, tocaba el acordeón y cantábamos los viernes. Un maestro con vocación, entregado al cien por ciento a sus alumnos. Cuando vi el cariño y la cercanía que tenía hacia nosotros, dije: yo quiero ser como él.

¿Cómo descubriste tu vocación por la vida religiosa?

La fui descubriendo de manera paulatina conforme fui creciendo; pero, en la preparatoria, me involucré en movimientos apostólicos con el grupo de aspirantes que ya vivían en una casa de formación y todos los sábados iban a impartir catecismo, rutina a la que me integré.

En Semana Santa nos íbamos de misiones a comunidades rurales a compartir con gente de escasos recursos. Ese tipo de vivencias fue despertando en mí tanto la vocación de formar como de dedicarme a la vida religiosa, a la que decido unirme a los 17 años, y a pesar de lo difícil que fue para mi familia aceptarlo. Es así como encuentro otra dimensión del sentido de la vida.

Platícanos tu paso por los distintos puestos
que has ocupado en La Salle.

Me lanzaron al ruedo a los 22 años en el Colegio La Salle de Veracruz donde comencé mi apostolado. Fui a cubrir a un maestro que se había retirado poco antes de iniciar el ciclo escolar, y me dieron la responsabilidad de un grupo de tercero de primaria. Fue mi primer grupo conformado por pequeños de entre siete y ocho años, una experiencia que permanece grabada en mi corazón. 

Después de ahí, me mandaron a León a trabajar con el Hno. Ricardo Preciado en el Colegio La Salle de la colonia Las Américas, donde implementó un sistema de educación popular en el que cada familia establecía su colegiatura de acuerdo a su capacidad económica. Luego fui a La Piedad, Michoacán, como director de primaria; después fui formador de jóvenes aspirantes durante nueve años, el periodo más largo que he durado en un mismo cargo.

Más tarde fui responsable de la pastoral vocacional, y luego me fui a Colombia como secretario de gestión y formación de la región latinoamericana lasallista. Ya en el ámbito universitario, estuve en La Salle Puebla, luego seis años como vicerrector en La Salle México, y finalmente llegué aquí a Bajío, primero como vicerrector de Bienestar Universitario y ahora como rector.

¿Con qué misión llegas como rector de la Universidad La Salle Bajío?

Brindar a los estudiantes los mejores planes académicos para enfrentar un futuro cambiante y un proyecto de vida que les permita consolidar su itinerario formativo, además de generar espacios de aprendizaje dinámicos y contemporáneos, y seguir trabajando por una comunidad incluyente, acogedora y segura, donde las relaciones se cultiven desde el respeto y la fraternidad.

¿Cuál dirías que es el principal reto al que te enfrentas en esta gestión?

El ámbito laboral es cada vez más exigente y más competitivo. Por eso buscamos asegurar que nuestros estudiantes, al terminar su carrera e incorporarse en ese mundo, logren el éxito. Tenemos que seguir trabajando en continua comunicación con nuestros docentes, nuestra Coordinación de Diseño Curricular, nuestros egresados y los empleadores. Nosotros formamos personas con un sentido humano y profesional que puedan aportar a la transformación de la sociedad.

¿Cuál te gustaría que fuera tu gran logro al cierre de esta etapa?

El primero sería consolidar a nuestra comunidad universitaria desde una identidad lasallista, es decir, que los valores de fe, fraternidad y servicio los apliquemos en cualquier ámbito de nuestra vida. Y el segundo, que nuestros estudiantes, una vez que se vayan, nos compartan esos proyectos de transformación social que han logrado implementar donde sea que se integren.

“Juntos y asociados, caminamos con esperanza
hacia un nuevo horizonte”

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