Lo que nadie quiere entrenar, pero todos necesitamos

Las organizaciones modernas y el sector emprendedor hablan constantemente de liderazgo, comunicación y trabajo en equipo. Sin embargo, hay un conjunto de habilidades que rara vez aparece en los programas de capacitación o desarrollo de equipos de trabajo, no porque no sean importantes, sino porque resultan incómodas para quien las enseña y, sobre todo, para quien las aprende.

El término soft skills se refiere a aquellas habilidades personales y sociales que determinan cómo nos relacionamos, nos comunicamos y trabajamos con otras personas. Tomando esta base como punto de partida, a través de los años y el desarrollo humano, se han detectado ciertas habilidades que tienen mayor grado de dificultad para ser desarrolladas por los seres humanos.

No hay una guía oficial para poder catalogar a una soft skills como incómoda, sin embargo, podríamos enlistar algunas habilidades básicas que cualquier persona debe trabajar y pulir constantemente para poder ser parte de los contextos sociales a los que se enfrente, más allá de lo profesional:

• Dar y recibir feedback directo. Decir lo que no está funcionando, sin rodeos. Escuchar críticas sin ponerse a la defensiva. La mayoría evita tener conversaciones incómodas, sin embargo, los problemas solo se alargan.

• Poner límites claros. Saber decir “no”, negociar cargas de trabajo y no estar disponible 24/7, aunque rompa con la idea de “ser indispensable”, pero previene situaciones como terminar quemado y frustrado.

• Gestionar el conflicto sin evitarlo. Enfrentar conversaciones tensas con respeto, pero con firmeza. Las personas y los equipos que crecen no son los que evitan conflictos, sino los que reaccionan de forma asertiva.

• Asumir responsabilidad sin excusas. Aceptar errores sin justificarte, sin culpar al contexto o a otros. Es incómodo porque golpea el ego, pero acelera el crecimiento personal como pocas cosas.

• Tolerar la incomodidad emocional. No reaccionar impulsivamente cuando algo te molesta, frustra o genera inseguridad. Saber sostener esa incomodidad, procesarla y actuar con intención asertiva en lugar de reaccionar.

Podemos concluir que las soft skills que catalogamos como incómodas están estrictamente asociadas con nuestras capacidades para gestionar nuestras emociones y poder comunicarnos efectiva y asertivamente en cualquier contexto.

El desarrollo y gestión de las soft skills no son populares porque no ofrecen gratificaciones inmediatas. No se dominan en un taller de cuatro horas ni se reflejan en resultados instantáneos, pero trabajar en ellas implica reconocer y aceptar que el crecimiento como personas que viven en comunidad no siempre es cómodo, pero sí profundamente necesario.

Lee más contenido de nuestra colaboradora Paola Mendoza