Seguramente te preguntas con frecuencia por qué tu amigo el que compra productos milagro, a pesar de no ver resultados, continúa consumiéndolos o por qué el seguidor del político en turno le admira y defiende a pesar de no ofrecer resultados y saber que no está cumpliendo las promesas de campaña. Pues bien, todo eso puede deberse a la disonancia cognitiva, una forma sutil de autoengañarnos.
¿Qué es y cómo podemos utilizarla a nuestro favor? Aquí una breve explicación de cómo funciona en nuestro cerebro este importante concepto del comportamiento social:
Uno de los deseos más buscados por los seres humanos es la coherencia, un equilibrio entre lo que pensamos, hacemos y sentimos. Sin embargo, cuando existen ideas o situaciones que ponen en peligro esta armonía, las personas tendemos a argumentar estas incoherencias para así justificar este desequilibrio, y enfrentar el malestar interno que nos causa el hecho de que nuestras creencias se encuentran en conflicto con los nuevos estímulos externos.
Cuando nos enfrentamos a esas dolorosas verdades, las reprobamos, ya que no son coherentes con los ideales o principios que profesamos, y es que admitir una verdad es más duro y pega más en el ego, que el hecho
mentirnos para mantener nuestras viejas creencias en pie. Por eso nos rodeamos de personas con creencias similares y buscamos solo la información y fuentes que validen y refuercen nuestras afirmaciones, ¿te suena familiar?
Otra forma en la que nuestro cerebro actúa de forma disonante es al momento de elegir. Cuando tomamos una decisión, suele haber cosas que nos gustan de opción desechada, por lo cual tendemos a justificar nuestra elección argumentando los aspectos positivos y demeritando e infravalorando la o las opciones no elegidas. Lo que anhelamos en el fondo es tener la certeza de lo que hemos elegido es lo más apropiado para nosotros.
Si somos conscientes de cómo está actuando nuestro cerebro o como puede actuar en el de nuestros clientes, podemos ser proactivos, y con ello generar mayor conexión con ellos, ya sea presentando argumentos que puedan hacer frente a las sus ideas preconcebidas o, por el contrario, reforzando sus ideas y preparando explicaciones que validen sus creencias.
¿Hay alguna verdad dolorosa que has esquivado por miedo a que se desmorone tu sistema de creencias?, ¿cuáles son esas mentiras que defiendes? La batalla por la congruencia interna no cesa.
El adiestramiento con premios y castigos convierte al premio en no ser castigado, aprovechando la mínima ventaja. Sin embargo, unos obedecen y otros no, obteniendo lo mismo, un guión programado para servir a la autoridad.
Una fábrica produce lo que necesita, y no puede ser algo más. El defecto es la condición fundacional. Mientras las crisis forman parte de la renovación de los instrumentos de control y propagación de su semilla.
El sistema, al romper el núcleo familiar, genera una quimera en la unión lógica entre lo inocente y lo perverso, afectando la dualidad femenino y masculino, una relatividad en conflicto. Es el barro en el cual se da forma al Hombre que sirve al imperio y su lenguaje.
El cliente sostiene la verdad con la mentira, la cura con el veneno y la libertad con las cadenas.
El lucro en el defecto y la resiliencia en la virtud sellan el circuito en lo que llaman la normalidad.
Esa disonancia cognitiva es en la paulatina asimilación de la gran familia, una mafia de programadores mentales que han formado los imperios y construído la historia que conocemos.
Alguien que aprende a construir una casa desde sus cimientos, puede entrar y salir de cualquier ilusión sin inconvenientes. Pero un infante al que se le ha castrado creativamente y posicionado dentro de una casa ya hecha, creerá que es la única realidad. El programador se convierte ilusoriamenten en amo del tiempo mientras el esclavo, creerá encontrarse en alguna parte de la secuencia y sus variantes sumarán las estadísticas. Nadie puede luchar contra algo invisible como una idea y por eso se materializa la condición como purga. Y en confusión, ante el irrefrenable impulso a desobedecer una regla que protege al dueño y señor con la cual lo subyuga, la transgresión se convierte en una agresión en trance contra la idea, y así contra su propia consciencia. El péndulo de culpa entre superior e inferior, víctima y víctimario, es el núcleo de la simulación de justicia representado en un conflicto entre la mente y el cuerpo, el Yo y la naturaleza. El resultado es la conformación de una pirámide de poder, cuyo centro o cúspide es velado para el cliente, porque es el sitio del Yo cautivo que recreó la ilusión, y cuyo acceso es restringido por un ideal de perfección para frustar al cliente y justificar su defecto, cuestión que obliga a un sacrificio de la verdad, el amor, la justicia y la libertad, de la vida, transfiriéndo poder y autoridad al verdugo y asi, adorar al que tiene el poder de matar y de su amenaza.
El resultado es el arquetipo amo y esclavo, extremos de una misma vara y cuerda disonante, estigma que se carga en un bucle colectivo mientras la virtud sea dirigida y desfogada para justificar y dar entidad a la existencia del defecto como precursor y formador de sentido.
Básicamente se sirven de los procesos del desarrollo de consciencia para instalarse como un agente evolutivo o el azote divino autorizado.
Por lo cual, destino o Dios, encubren perfectamente la causa de muchos crímenes parapetados como catástrofes naturales. Tanto en crisis como enfermedades, se encontrará un experto para cada efecto, que se pierden en los detalles y en los de sus bálsamos.
Siempre escucharemos lo que sucedió y sucederá mientras la Verdad, quedará oculta en su silencio.
Un simple ejemplo del alcance:
Ningún iniciado, creyente, cliente, paciente ni consumidor, elige al presidente, papa o rey. Tampoco al director, juez, gerente, pastor ni general. Y menos al dueño del dinero, de la tierra o de la corporación en donde trabaja.
No importa si hay un gobierno democrático, militar, teocrático, monárquico, tecnocrático o un pentágono de ellos, las sectas colectivistas o individualistas bailan al mismo son.
Los autoelegidos saben, deciden y mandan, mientras los auto expulsados, ignoran, obedecen y se adaptan. Ceros detrás de unos. A cada cual le correspone su sitio, administración y refugio. Lo macro y lo micro.
Es teatro, y las ficciones fantásticas, legales y técnicas conformaron los libros sagrados, constituciones y softwares.
Tanto Dios, como Estado y ahora I.A., son sucedáneos que representan la tierra prometida que parasitan y en donde mantienen secuestrada la inocencia para dirigir su capacidad lúdica y creativa.
Si bien el amo se beneficia de los procesos del desarrollo y del fruto de los defectos y virtudes en el gobierno de la carencia, es un esclavo que está obligado a sostener la consciencia ideal del paraíso terrenal en dónde brillan en lo superfluo. Por eso suplen su carencia con la fuerza bruta, el engaño y la corrupción, que muchos creen y llaman inteligencia.
La unida de visión es la solución. La comprensión de la bipolaridad entre el sueño y la vigilia, el lenguaje simbólico del onírico y del literal en su binarierad y bidimensionalidad, funcionales en la mecánica clásica. El sueño, el deseo y la teoría, se desvanecen cuando encarnan en un verbo.
Está acción se llama arte, en dónde se impone el título alodial que convierte el contenido anímico en materia prima a nuestro servicio.
En el arte, se acepta naturalmente el engaño a los sentidos, haciendo transparentes a las apariencias. Por lo cual, nadie puede esconderse ni esconder nada, y nada escapa a la mecánica con la que se programan los trucos. Sin embargo, desde niños nos encanta jugar a las escondidas, ser encontrados y encontrar, recreando puertas y llaves en la ilusión.