Más que llegar, abrir camino

Cuando escuchamos la frase “mujeres que inspiran”, pensamos en grandes historias de éxito: empresarias, científicas, deportistas, directivas o emprendedoras exitosas. Sin embargo, considero que la verdadera inspiración no está únicamente en el lugar al que llegaron, sino en el camino que tuvieron que recorrer para hacerlo.

Hoy existen más mujeres ocupando puestos directivos, emprendiendo y liderando equipos, pero reconocerlo no significa que la igualdad ya es una realidad. Como consultora en Capital Humano y de Negocios, he visto organizaciones comprometidas con construir espacios más equitativos, pero también he observado barreras silenciosas, sutiles y más difíciles de identificar.

Una de ellas es el llamado “techo de cristal”; ese conjunto de barreras invisibles que limita el acceso de muchas mujeres a posiciones de alta dirección, aun cuando cuentan con la experiencia, las competencias y los resultados necesarios. Otro concepto menos conocido: es el de “pisos pegajosos”, que mantienen a muchas mujeres “adheridas” a puestos con menor remuneración, menor visibilidad o menores oportunidades de crecimiento.

Los datos ayudan a dimensionar el reto. La Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo 2024 del INEGI muestra que las mujeres dedicamos en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, mientras que los hombres destinan 18.2 horas a ello. Esa diferencia representa tiempo que deja de invertirse en formación, networking, descanso, deporte, desarrollo profesional, entre otros.

A ello se suma la brecha salarial. Diversos estudios muestran que, en promedio, las mujeres continúan percibiendo menos ingresos que los hombres y tienen una menor representación en los niveles de mayor remuneración y toma de decisiones. La diferencia no siempre responde a que una empresa pague distinto por el mismo puesto; con frecuencia es el resultado acumulado de trayectorias laborales interrumpidas, menor acceso a promociones, sesgos en la asignación de proyectos estratégicos y una distribución desigual de las responsabilidades del cuidado.

Quizá uno de los mayores desafíos de nuestra época es que el problema ya no es únicamente de la falta de información. Hoy contamos con investigaciones, indicadores y evidencia suficiente para comprender estas brechas. Sin embargo, todavía escuchamos frases como “hoy hombres y mujeres tienen las mismas oportunidades”, o “todo depende de echarle ganas”. Aunque estas expresiones suelen decirse con buena intención, pasan por alto una realidad fundamental: el esfuerzo importa, pero las condiciones de partida siguen siendo distintas.

El Global Gender Gap Report 2025, del World Economic Forum estima que, al ritmo actual, aún faltarían aproximadamente 123 años para cerrar la brecha global de género en el mundo. Es una cifra que invita a la reflexión, no al pesimismo. Porque nos recuerda que el cambio no ocurre solo por el paso del tiempo; ocurre cuando las personas, organizaciones e instituciones deciden actuar.

Y aquí hay algo que considero fundamental: construir igualdad no es una responsabilidad exclusiva de las mujeres. También requiere líderes hombres que cuestionen sus propios sesgos, organizaciones que revisen sus procesos de promoción y compensaciones, políticas que favorezcan la corresponsabilidad en los cuidados y culturas laborales donde el talento tenga más peso que los estereotipos.

Al final, las mujeres que inspiran no lo hacen únicamente porque alcanzaron una meta. Inspiran porque muchas veces avanzaron en contextos que les exigieron demostrar más, trabajar más y persistir más. Inspiran porque abrieron conversaciones que antes no existían. Inspiran porque, al romper barreras, hicieron el camino un poco más sencillo para quienes vienen atrás.

El verdadero reto para nuestra generación ya no es celebrar a las mujeres que lograron abrirse paso. Es construir organizaciones donde, algún día, abrir camino deje de ser una excepción y se convierta simplemente en la forma natural de desarrollar el talento, sin importar el género. Porque cuando eliminamos barreras, no solo ganamos las mujeres; ganan las empresas, la innovación y, sobre todo, la sociedad.

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