Por otro lado, como mujer y madre, considero que uno de los mayores desafíos en nuestro crecimiento profesional continúa siendo encontrar el equilibrio entre las responsabilidades laborales y personales. Para muchas de nosotras, el desarrollo ocurre mientras administramos tiempos, responsabilidades y expectativas en distintos ámbitos. Curiosamente, muchas de esas habilidades son altamente valoradas en el mundo empresarial: priorizar, organizar, adaptarnos, resolver imprevistos y cuidar los detalles.
Desde el ámbito educativo, resulta interesante observar a las nuevas generaciones de mujeres. Nos encontramos con jóvenes que tienen mayores oportunidades, que están más preparadas y poseen un enfoque distinto sobre su futuro profesional. Probablemente, ya no se preguntan si pueden llegar a ocupar determinados espacios, sino hasta dónde quieren llegar, qué quieren y desean transformar.