El problema es que todavía no sabemos muy bien dónde
Casi la mitad de las empresas mexicanas dice usar inteligencia artificial. Pero sólo 13% ha llegado a una adopción avanzada de sistemas propios y procesos rediseñados alrededor de la tecnología (Strand Partners para AWS, 2026). La diferencia importa porque entre “usamos IA” y “nuestra operación funciona de otra manera gracias a la IA”, hay un trecho enorme.
Y creo que estamos empezando a verlo con más claridad. Hay usos bastante poco espectaculares que ya tienen sentido: resumir reuniones, transcribir, hacer primeras versiones de textos, explorar datos, generar código repetitivo o resolver consultas frecuentes. No suenan tan futuristas. Precisamente por eso funcionan: son tareas acotadas, con información relativamente estructurada y donde todavía es posible mantener supervisión humana.
En cambio, seguimos hablando mucho de agentes autónomos tomando decisiones estratégicas, empresas transformadas por simplemente incorporar IA y sistemas capaces de hacer prácticamente todo. Ahí conviene bajar un poco el volumen. Y no es porque la tecnología no pueda llegar ahí, sino porque la mayoría de las organizaciones todavía no tiene resuelto algo mucho más básico: sus datos, sus procesos y, sobre todo, para qué quiere utilizarla.
El reto, entonces, no parece ser solamente tecnológico. Es organizacional. Puedes tener acceso a los mejores modelos y aun así no conseguir demasiado si no sabes qué proceso quieres modificar, qué información necesitas, quién será responsable de supervisar los resultados y cómo vas a determinar si realmente mejoró algo. La tecnología puede estar disponible; la capacidad de integrarla correctamente es otra historia.
También por eso me parece relevante que la conversación empresarial esté cambiando. Ya no basta con experimentar con IA, ahora empiezan a importar más los resultados medibles y la posibilidad de llevar los casos que funcionan a una escala mayor. Ese cambio de experimentación hacia resultados y escalabilidad también aparece entre las tendencias identificadas para las empresas de México y Latinoamérica (EY, 2026).