De transmitir información a pulir diamantes
Recuerdo la primera vez que estuve frente a un salón de clases. Tenía apenas 22 años, los nervios de punta y la ilusión de compartir mi experiencia con 25 alumnos de la licenciatura en Contabilidad.
Lo que hoy me motiva a seguir dando clases es, sin duda, la pasión por compartir lo que sé; pero, sobre todo, acompañar a las y los jóvenes a descubrir su potencial profesional, intelectual y humano. Parte de ello lo aprendí con la gran película “La Sociedad de los Poetas Muertos”, donde el mensaje es: un buen maestro no llena cabezas, enciende curiosidades.
No obstante, en la era actual, he escuchado el gran temor entre los maestros con la llegada de la inteligencia artificial y los males que puede traer: que los alumnos copien y peguen las respuestas de tareas y exámenes. Pero se nos olvida que cada época tuvo su “monstruo”: el ábaco frente al cálculo mental, la calculadora científica frente a memorizar fórmulas, la computadora frente a la máquina de escribir.
Y la educación sobrevivió a todos.
El temor no debería ser la evolución de la tecnología. El verdadero temor debería ser perder la pasión por acompañar a sus alumnos a descubrir y potenciar sus talentos.
Por eso comparto algunas ideas sobre hacia dónde deberíamos movernos como docentes.
● Dejemos de ser repetidores de información. Generemos experiencias de aprendizaje que despierten el pensamiento crítico.
● Evitemos evaluar solo el resultado final. Evaluemos el proceso, la defensa de ideas, el razonamiento y la explicación de proyectos, casos y ensayos redactados.
● No hay que prohibir la tecnología. Aprovechémosla como herramienta de aprendizaje, pero con reglas claras y tiempos definidos. Que la IA sea una aliada, no una amenaza.
● Basta de preguntas que se responden de memoria. Planteemos casos que detonen el pensamiento y exijan una respuesta basada en la opinión del estudiante, fundamentada con información que sepa buscar y verificar.