La arquitectura viva es una evolución de la arquitectura sustentable, es decir, ya no solo se trata de “no contaminar”, sino de crear edificios que funcionen como organismos. Algunas de las características de este tipo de edificios es que puedan interactuar con el entorno, generan recursos como energía, agua o aire, integran vegetación y sistemas naturales, además de mejorar la calidad de vida de las personas.
Hoy en día los edificios pueden filtrar el aire, absorber CO2, generar su propia energía y adaptarse a diversos climas. La arquitectura viva es pasar de solo construir a diseñar ecosistemas urbanos. La innovación es fundamental para hacer posible esta gran transformación, que en conjunto se busca reducir el consumo energético y el impacto ambiental durante la vida del edificio. La innovación se integra de diversos enfoques:
1. Innovación en el diseño.
En la actualidad, ya se diseña un ecosistema completo. Por ejemplo, obtener una orientación solar estratégica, una ventilación cruzada natural e integrar vegetación con un enfoque funcional y no nada más decorativo. Este tipo de diseño se logra bajo el concepto de la biomímesis: diseñando bajo la inspiración de cómo funciona la naturaleza.
2. Innovación en materiales.
Aquí se concentra el mayor de los avances actuales al utilizar concretos con menor huella de carbono, materiales reciclados, maderas estructurales y recubrimientos que purifican el aire. Incluso ya existen materiales que absorben contaminación, pinturas fotocatalíticas y aislantes naturales como el corcho y el cáñamo.
3. Innovación tecnológica (edificios inteligentes)
La arquitectura necesita tecnología para funcionar, por ejemplo, utilizar sensores de temperatura, luz y CO2, automatización para abrir y/o cerrar ventilación, así como regular iluminación e implementar sistemas de gestión energética. Un edificio no es estático: reacciona, aprende y se adapta.