Cuando el humor manda
Entras a una reunión y desde los primeros minutos notas que tu jefe viene distinto: responde corto, interrumpe y parece poco paciente. Nadie sabe qué ocurrió, pero el equipo lo percibe. Un gerente decide no plantear un problema, otro cambia la forma de intervenir y tú dejas para después un punto que considerabas importante. En pocos minutos, el estado de ánimo de una persona ya empezó a modificar la reunión.
Ese es el riesgo de un jefe voluble: su estado emocional puede terminar alterando el comportamiento de los demás. Lim, Tai y Kouchaki encontraron que la ambivalencia emocional del supervisor aumenta su percepción de imprevisibilidad y, a través del estrés, puede reducir el involucramiento con la tarea.
Trabajar eficazmente en ese entorno exige evitar que esa variabilidad termine gobernando también tu propia conducta. Hay algunos criterios que pueden ayudarte a conservar perspectiva y efectividad.
1. Evita sincronizarte con su estado. Si tu jefe llega irritado o acelerado, responder desde la misma intensidad solo amplifica el efecto. Baja la velocidad, vuelve a los hechos y conserva tu propio criterio. Su tensión puede explicar cómo viene; no tiene que convertirse en tu forma de actuar.
2. No decidas en el pico emocional solo porque aumentó la presión. Cuando la reunión se calienta, distingue entre lo que necesita resolverse ahora y lo que puede decidirse en mejores condiciones. A veces la intervención más útil es preguntar: “¿Necesitamos cerrar esto ahora o conviene revisar estos datos antes de decidir?”.