Cuando el humor manda

Entras a una reunión y desde los primeros minutos notas que tu jefe viene distinto: responde corto, interrumpe y parece poco paciente. Nadie sabe qué ocurrió, pero el equipo lo percibe. Un gerente decide no plantear un problema, otro cambia la forma de intervenir y tú dejas para después un punto que considerabas importante. En pocos minutos, el estado de ánimo de una persona ya empezó a modificar la reunión.

Elección de personal

Ese es el riesgo de un jefe voluble: su estado emocional puede terminar alterando el comportamiento de los demás. Lim, Tai y Kouchaki encontraron que la ambivalencia emocional del supervisor aumenta su percepción de imprevisibilidad y, a través del estrés, puede reducir el involucramiento con la tarea.

Trabajar eficazmente en ese entorno exige evitar que esa variabilidad termine gobernando también tu propia conducta. Hay algunos criterios que pueden ayudarte a conservar perspectiva y efectividad.

Elección de personal

1. Evita sincronizarte con su estado. Si tu jefe llega irritado o acelerado, responder desde la misma intensidad solo amplifica el efecto. Baja la velocidad, vuelve a los hechos y conserva tu propio criterio. Su tensión puede explicar cómo viene; no tiene que convertirse en tu forma de actuar.

2. No decidas en el pico emocional solo porque aumentó la presión. Cuando la reunión se calienta, distingue entre lo que necesita resolverse ahora y lo que puede decidirse en mejores condiciones. A veces la intervención más útil es preguntar: “¿Necesitamos cerrar esto ahora o conviene revisar estos datos antes de decidir?”.

Elección de personal

3. Acuerda cómo disentir antes de necesitar hacerlo. Una pregunta tan sencilla como: “Cuando vea un riesgo o tenga una opinión diferente, ¿cómo prefieres que te lo plantee?” puede cambiar conversaciones futuras. Con un jefe voluble, parte de la gestión ocurre antes del conflicto.

4. Separa informar de decidir. Que el momento no sea bueno para tomar una decisión no significa que debas retener información importante. Puedes decir: “Necesito que conozcas este riesgo hoy; no necesariamente tenemos que resolverlo ahora”. Así evitas dos extremos igualmente peligrosos: callar hasta que llegue el “momento perfecto” o forzar una decisión cuando la conversación ya perdió calidad.

No puedes controlar con qué humor llega tu jefe, pero sí puedes controlar cuánto de ese humor entra en tu conducta y en tus decisiones. Gestionar hacia arriba también consiste en crear condiciones para que la volatilidad de una persona no termine determinando la calidad del trabajo.

Bibliografía recomendada
Lim, J. H., Tai, K. y Kouchaki, M. Ambivalent Bosses: An Examination of Supervisor Expressed Emotional Ambivalence on Subordinate Task Engagement. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 2021.

Detert, J. R. y Edmondson, A. C. Implicit Voice Theories: Taken-for-Granted Rules of Self-Censorship at Work. Academy of Management Journal, 2011.

Sy, T., Côté, S. y Saavedra, R. The Contagious Leader: Impact of the Leader’s Mood on the Mood of Group Members, Group Affective Tone, and Group Processes. Journal of Applied Psychology, 2005.

Harvard Business Review. The Essentials: Managing Up. 2022.

Lee más contenido de nuestro colaborador Carlos González