Cuando México volvió a emocionar

“¿Y si sí?” Fueron apenas tres palabras. No aparecieron en un comercial oficial de la FIFA, ni fueron el eslogan de la Selección Mexicana. Surgieron en redes sociales, hasta llegar al punto de instalarse en la mente de millones de mexicanos generando el mismo pensamiento.

En mi caso sí fue así. No me ha tocado ver muchos mundiales de fútbol, pero desde el 2010 me he ido ilusionando, terminando con la decepción y diciendo “bueno, será para la otra”. Sin embargo, siento que este 2026 rompió ese patrón porque México volvió a emocionar.

Antes del torneo, la conversación giraba alrededor de las dudas: ¿el talento convocado fue el correcto?, ¿el equipo estaba listo?, ¿la presión de jugar como anfitrión sería demasiado grande? Pero conforme avanzaron los partidos, las preguntas cambiaron. México ganó la fase de grupos con un pase perfecto, mostró un equipo unido, ordenado y con personalidad.

La eliminación ante Inglaterra en los octavos de final dolió porque no se sintió como una derrota inevitable, sino como una oportunidad que estuvo al alcance. Por otro lado, el verdadero ganador también fue el marketing. Las marcas dejaron de publicar promociones y comenzaron a reaccionar en tiempo real, creando contenido, participando en tendencias y hablando el mismo idioma que los aficionados.

Nike lanzó una superproducción cinematográfica, “Rip the Script”, con la participación de Jorge Campos y Raúl Jiménez, buscando inspirar un juego más creativo, instintivo y libre de reglas establecidas. Adidas apostó por la cultura urbana, conectando fútbol con música y streetwear. Corona reforzó su vínculo con la identidad nacional mediante campañas que mezclaban orgullo y pertenencia.

Huevo San Juan plasmó el famoso “¿Y si sí?” en una gran cantidad de huevos alrededor del país. Michelob Ultra patrocinó el trofeo oficial al mejor jugador de cada encuentro: Superior Player of the Match. Y BBVA México destacó con activaciones digitales que explicaban el impacto económico y social del torneo en tiempo real.

Algunos goles generaban campañas espontáneas; algunas atajadas inspiraban nuevos anuncios; y cada meme se convertía en una oportunidad para conectar con millones de personas. Ahí fue donde varias empresas entendieron lo fundamental: las personas no buscan únicamente comprar, buscan sentirse parte de la conversación y pertenecer a una comunidad. Y las marcas que mejor entendieron ese comportamiento fueron las que lograron permanecer en la memoria del consumidor.

Lee más contenido de nuestra colaboradora Alejandra Abreu