A partir de la Constitución de 1917, el marco jurídico mexicano se ha caracterizado por su vanguardismo en derechos sociales y garantías individuales. Sin embargo, en el imaginario colectivo, la ley no se asocia necesariamente con la justicia, pues existe una disociación entre la ley escrita y la ley practicada.
El sistema legal debe percibirse como una estructura propia, pues cuando la imagen que nos viene a la mente no es la balanza y la espada de la justicia, sino la burocracia de un ministerio público, juzgados lentos y obstrucción a la justicia, la percepción siempre será decepcionante.
México requiere cambios normativos que modernicen el sistema, transparencia en los procesos y una actuación pronta y expedita, de esta forma la población podrá tener una imagen impecable de nuestro sistema legal y convertirse en un valor compartido por la sociedad.