En paralelo, hay una dimensión que durante décadas fue ignorada y que redefinirá la legitimidad de los hospitales: su impacto ambiental. El hospital del futuro será evaluado por cuántas vidas salva y cómo las salva. Consumo energético, manejo de residuos, huella de carbono, uso de insumos y eficiencia en recursos dejarán de ser temas periféricos para convertirse en indicadores centrales. Porque no habrá verdadera innovación en salud si, en el proceso, comprometemos el entorno que la sostiene. La nueva excelencia clínica no solo curará pacientes… será capaz de hacerlo sin enfermar al planeta.
Mi propuesta es que emergerán indicadores radicalmente nuevos: “tiempo neto de cuidado humano” por paciente, “fricción administrativa evitable” por médico, “recuperación funcional sostenible” a 90 días, “índice de confianza algorítmica”, “capacidad de continuidad clínica en crisis” y “retorno social del episodio de atención”.