Con una trayectoria de más de 35 obras, además de numerosos textos inéditos, su prosa se distingue por desafiar tabúes, tradiciones e incluso al propio tiempo. En sus páginas es común encontrar temporalidades no lineales, elementos fantásticos que conviven con absoluta naturalidad y temas recurrentes como la feminidad, la opresión, el destino y, sobre todo, la libertad.
Particularmente, los cuentos “La culpa es de los Tlaxcaltecas”, “La semana de colores” y “¿Qué hora es?” reflejan de manera excepcional el deseo que Elena tenía de desplegar sus alas en el arte. Al mismo tiempo, revelan su profundo interés por rescatar a los personajes y la cosmovisión de los pueblos indígenas desde una perspectiva contemporánea.
Muchos críticos sostienen que el realismo mágico encontró en la pluma de Garro un terreno fértil para florecer en México. Y aunque cargó con el prejuicio social tras su divorcio y con las consecuencias de sus críticas al gobierno después de la matanza de Tlatelolco de 1968, es indiscutible que se convirtió en una figura clave de la literatura hispanoamericana. Sus historias permanecen como semillas listas para germinar en las voces de nuevas generaciones de escritoras.