Más allá de Pinterest

Cuando alguien habla de “la casa de sus sueños” se imagina una fachada atractiva, una cocina amplia, una terraza agradable o una estancia bien iluminada. Todo eso importa, pero una vivienda no se define por la suma de espacios estéticos. La casa que en realidad importa comienza en la vida que sucederá dentro de ella.

Una de las preguntas más importantes al iniciar un proyecto de vivienda no es cuánto va a medir ni qué estilo tendrá, sino cómo quieren vivir quienes la habitarán. Esto obliga a comprender hábitos, rutinas, relaciones familiares, aspiraciones y necesidades cotidianas que definirán si una casa funciona o no.

Emprender es conectar problemas con soluciones, no saberte todos los frameworks del mundo.

Una casa es el lugar donde se organiza la vida cotidiana; es un refugio, pero también un escenario de vida y en ella se forma una memoria íntima que va mucho más allá de la distribución en planta. Por lo tanto, las mejores casas no son las más grandes o costosas -y no quiere decir que no puedan serlo-, sino aquellas que responden con sensibilidad a la vida real de sus habitantes.

Actualmente no basta con resolver un programa arquitectónico; hay que considerar el clima, la orientación solar, la iluminación natural, la ventilación, el mantenimiento futuro, la posibilidad de adaptación y la relación de la vivienda con su contexto.

En la práctica profesional, esta forma de entender el proyecto implica trabajar desde la escucha, pero también desde el criterio para poder interpretar, orientar y traducir lo que se busca en una solución coherente. Lo que transforma la calidad de vida está en una distribución mejor pensada, en una relación equilibrada entre convivencia y privacidad; o en la posibilidad de que la vivienda se adapte a nuevas etapas sin perder su esencia.

Emprender es conectar problemas con soluciones, no saberte todos los frameworks del mundo.

Esta convicción se fortalece al participar en la formación de futuras generaciones de profesionales de la arquitectura. La formación académica no debe limitarse a transmitir herramientas técnicas o criterios compositivos, pues es una oportunidad para entender que desarrollar una vivienda implica leer contextos, entender personas, tomar decisiones con fundamento y asumir que cada proyecto tendrá efectos reales en la vida cotidiana de alguien.

Cuando un proyecto logra escuchar bien, responde con criterio y se materializa con sensibilidad, entonces deja de ser solo una construcción bien diseñada y se convierte en algo mucho más valioso: un lugar digno para vivir bien.
 

Mtro. Cristian Leobardo Vaca Arellano

Jefe Académico de Pregrado de la Facultad de Arquitectura, Universidad La Salle Bajío

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