Al terminar una película, un libro o una serie, suelen existir dos reacciones predominantes: “¡Me encantó!” o “¡Lo odié!”. Para muchos, la segunda opción significa simplemente cerrar el libro, apagar la pantalla y pasar a la siguiente historia. Para otros, la inconformidad se instala como una pequeña espina difícil de ignorar. La frustración crece, las preguntas se acumulan y surge una idea insistente: ¿y si hubiera ocurrido de otra manera?
Así surge el fanfic, una corriente literaria en que aficionados toman personajes, universos o tramas ya existentes para devolverle, tal vez, la vida al mejor amigo del protagonista, evitar un final trágico, ofrecer una redención al villano o imaginar una relación romántica entre dos personajes que muchos consideraron más compatibles que la pareja protagonista.