La responsabilidad silenciosa
El reloj avanza, la mañana comienza… ¿y uno? El estrés aparece desde temprano, al darnos cuenta de todo lo que tenemos que hacer durante el día.
Esto lo he escuchado muchísimas veces: tenemos trabajo, familia, hijos, según nuestra etapa de vida y, por supuesto, tenemos que hacernos cargo de todo, quedando hasta el final el autocuidado. Además, queremos sacar diez en cada cosa que hacemos, y sí, ese estrés cobra su precio a la larga.
Sin embargo, pasa el tiempo y un buen día sentimos que nos falta algo, y ese algo somos nosotros mismos. Esto, en el mejor de los casos, porque en ocasiones llegamos al límite del cansancio físico y mental y entonces comenzamos a enfermar.
¿Alguna vez te has puesto a pensar qué es lo que realmente te desgasta?
Consideremos algunos puntos:
● Nos falta claridad de lo que queremos en la vida, o no pensamos en nuestras metas; por lo tanto, no sabemos si las actividades que realizamos durante el día nos llevan a lograr eso que queremos.
● Nos cuesta trabajo organizar nuestro tiempo.
● Aceptamos tareas que no nos da tiempo de realizar.
● Nos falta darnos ese espacio, aunque sea breve, pero de calidad, para estar con nosotros mismos.
● Nos falta convivir con las personas que nos hacen bien, que nos ayudan a despejarnos y a elevar nuestra energía.
● El trabajo en sí mismo, si no nos gusta, representa un peso que sobrellevar.
● Luego está el clima laboral, que muchas veces no es el más adecuado, y tenemos que enfrentar situaciones complejas con algunas personas.
● Pensamos que los pasatiempos son una pérdida de tiempo.
● Dejamos de lado el autocuidado de nuestra mente, cuerpo y espíritu.
Ahora te invito a reflexionar: ¿con cuáles de estos puntos te identificas?
Porque el primer paso para saber por dónde empezar es hacer un diagnóstico de nuestra vida. Para esto, ayuda mucho regalarnos un espacio de 10 a 15 minutos cada seis meses, para detectar qué área merece prioridad y generar acciones específicas para mejorar. Las áreas a observar son: salud, espiritualidad, pasatiempos, relaciones, trabajo y finanzas.
No se trata de equilibrar el tiempo que le dedicas a cada una, sino de integrarlas a tu vida con tiempo de calidad, no de cantidad.