Una historia que enfrenta culpas, identidad, memoria y redención 

Hay novelas que atraviesan fronteras más allá de la geografía y alcanzan esos lugares íntimos como el linaje, la herida y el rencor que se hereda. Coyote balcánico, de la escritora guanajuatense Rayo Guzmán, es exactamente ese tipo de libro.

La novela sigue la historia de Zoran, un joven hijo de una periodista mexicana y un serbio, quien regresa a los Balcanes en busca de reconciliación con su sangre. Mientras tanto, su madre, Eloísa, confronta memorias íntimas y dolorosas que afloran entre el paisaje desértico del pueblo mágico de Mineral de Pozos y los callejones de la ciudad de Guanajuato.

Por su parte, al otro lado del mundo, en los bordes del Danubio, su padre, Darko, asume las consecuencias de su cruel proceder y de un cuestionable pasado. En ese triángulo de culpas y silencios se sostiene toda la estructura emocional de la novela, que la autora presenta como una historia vibrante en la que nos convierte en cómplices y testigos de los sueños y el desencanto de cada personaje.

Si digo muerte, digo vida, de Paula Assler.

Eloísa es una mujer que conoce sus deseos y no está dispuesta a negociarlos, aunque pague un precio alto por ello. Zoran, el coyote al que hace referencia el título, es el resultado de ese amor imposible: una criatura de dos mundos que no termina de pertenecer del todo a ninguno.

Lo que distingue a esta novela de una simple historia de reconciliación familiar es la pregunta que la impulsa. No estamos ante una trama típica de reencuentros y perdones fáciles, sino ante una interrogante sumamente incómoda: ¿qué hacemos con lo que heredamos sin haberlo elegido?

Desde el Bardo —una especie de umbral en el más allá— los ancestros contemplan las batallas entre la pasión, la culpa, la compasión, la rabia y el amor más profundo que pueden prodigarse los seres humanos. Este plano espiritual, donde la mitología mexicana y la balcánica se rozan sin anularse, le otorga a la novela una dimensión que trasciende lo psicológico y la acerca al realismo mágico con voz propia.

La autora afirma que la literatura, cuando es universal, toca a cualquiera porque las experiencias humanas son compartidas. Coyote balcánico lo demuestra: lectores serbios y mexicanos han encontrado en sus páginas algo que les pertenece. Eso es, en el fondo, lo que hace grande a una novela: que hable de todos mientras cuenta la historia de pocos.

Lee más contenido de nuestra colaboradora Macrina López