Entre crisis y aprendizajes, el cofundador de Lady Paulina
vio en cada adversidad una oportunidad de crecimientodesde la educación, el servicio y la dignidad humana

Desde su niñez, Eduardo vivió entre zapatos y cueros debido a que su padre fabricaba zapatos. Combinando las tareas escolares con los deberes en el taller familiar, se fue forjando en él una genuina vocación por el calzado, misma que lo llevaría años después a crear, al lado de su hermano, Lady Paulina, marca referente de innovación y resiliencia con más de 40 años en el mercado.

¿Cómo decidiste dedicarte al sector del calzado?

Lo tenía muy claro. Estudié Contaduría Pública porque quería aprender a administrar, y a los dos años ya quería poner mi negocio, pero me casé a los 23 años. Continué estudiando y trabajando, por lo que le propuse a mi papá aumentar la producción y me puso como condición que primero me enseñara a hacer calzado.

Me fui a la fábrica de un primo donde se hacía zapato muy fino, aprendo y regreso con mi papá. Ahí comprendí que él, como persona mayor, tenía miedo de crecer. Esto me impulsó a independizarme. Le pedí unas máquinas para comenzar, hablé con mi hermano gemelo, quien se dedicaba a lo administrativo en otras empresas y le propongo trabajar juntos, y en 1985 pusimos la fábrica, dedicándonos al principio al zapato de niña.

Si ya tenías experiencia
en el calzado de hombre,
¿por qué cambiar?

Por la competencia. Eso nos obligó a buscar áreas de oportunidad en otro tipo de producto. Conocí a un encargado de una fábrica de sintético y me sugirió hacer zapato para mujer y me trajo un par, muy duro, por cierto. Estaba acostumbrado a trabajar con piel, pero hice pruebas y fui mejorando los modelos con materiales más suaves. En esa época, no había muchas marcas de calzado femenino y nos empieza a ir muy bien.

A lo largo de tu trayectoria, ¿hubo alguna experiencia
que marcó un antes y un después?

Sí, claro. El incendio que ocurrió un mes de enero a causa de la pirotecnia; recuerdo que estábamos festejando el Año Nuevo cuando nos avisaron. Fue lamentable, pues se quemaron casi tres cuartas partes de la fábrica con la maquinaria y la producción. Todo por lo que habíamos trabajado se había acabado.

Y entonces, sucedió algo inesperado. Antes del incendio y debido a la actualización constante que realizábamos en la fábrica, sobre todo después de haber regresado de Brasil con muchas ideas innovadoras, la Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato, con la que manteníamos una relación cercana, nos pide abrir las puertas a otros fabricantes para que aprendieran de nuestros procesos, y así lo hicimos.

Gracias a eso, amigos competidores y la misma cámara nos ofrecieron ayuda con maquinaria y espacios para trabajar, incluso nuestros proveedores nos ofrecieron hasta un año de crédito. Fue así que salimos adelante, de otra manera hubiera sido imposible.

Desde tu punto de vista, ¿qué otro desafío has vivido
como empresario?

La importación china que ha afectado al sector desde el año 1992. Es una situación que seguimos padeciendo porque las
importaciones están cada vez más fuertes y los precios son imposibles para competir. Esta crisis sigue y no sabemos cuándo va a terminar, por eso hay que trabajar mucho para crear alianzas con clientes y proveedores, controlar los gastos y mantener la calidad de los materiales y mano de obra.

¿Cómo ha sido trabajar
en familia y prepara a las
siguientes generaciones?

Mi hermano y yo dirigíamos de una manera poco común: yo me encargaba de operaciones, compras y producción, mientras que él veía el área comercial y administrativa. Pero hace algunos años decidimos que a los 70 años ya debíamos pensar en la sucesión. Por tal motivo, contratamos un despacho de gobierno corporativo; no podíamos pasar los mismos roles a nuestros hijos de forma directa, porque la empresa requería de una estructura en la que hubiera un director general que diseñara e implementara estrategias.

¿Qué sigue para Lady Paulina?, ¿cómo ves el futuro
de la marca?

Actualmente, nos encontramos en la etapa final de una fusión con una empresa de calzado de niño, liderada por Fernando Márquez, un amigo de la infancia. Esta nos ayudará a equilibrar las temporadas altas y bajas. La idea es unir la experiencia en calzado de mujer y de niño para aumentar la producción, importar materiales a mayor escala y mejorar la capacidad para competir y así asegurar nuestra permanencia.

“De los fracasos
se aprende cuando
los conviertes en
experiencias valiosas”

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