¿A largo plazo?

Sí, hoy descubrirán que soy un hombre del siglo pasado. Un siglo en el que durante años escuchamos la radio. Luego llegaron los tocadiscos, los casetes y más tarde los CDs. Aquellos cambios ocurrieron a lo largo de cincuenta años. Hoy, en cambio, las grandes marcas anuncian lo más nuevo en teléfonos inteligentes cada año o incluso cada mes con una función innovadora que vuelve obsoletas a las últimas cinco.

Pertenezco a la generación a la que le enseñaron que los negocios debían tener planes a corto, mediano y largo plazo. Que el corto plazo era menor a un año; el mediano, mayor a un año; y el largo plazo, cinco años o más.
Hoy, las empresas ya no pueden darse el lujo de planear a largo plazo… al menos no en el sentido en que lo entendemos quienes somos de mi generación. Actualmente, los planes “a largo plazo” son, en muchos casos, de apenas un año. Y aquí les explico por qué:

Creemos que llegar al domingo y tirarnos en la cama a ver series es detenernos y recargar energía, pero no.

• Información inmediata. En la actualidad, las noticias llegan en tiempo real: tanto las buenas como las malas. Este flujo constante de información obliga a los empresarios a mantenerse permanentemente atentos a los cambios que el mundo exige en los negocios.
• Giros drásticos. El mundo experimenta cambios significativos de manera continua en políticas públicas, relaciones internacionales, requerimientos de mercado y regulaciones globales. Todo esto exige a las empresas a reaccionar con rapidez y a replantear decisiones.
• Nuevas exigencias generacionales. La convivencia entre distintas generaciones —baby boomers, generación X, millennials, generación Z y generación Alpha—, cada una con gustos, necesidades, formas de ver y afrontar la vida muy distintas, exige a las empresas replantear la manera en que ejecutan sus proyectos y se relacionan con su entorno.

Creemos que llegar al domingo y tirarnos en la cama a ver series es detenernos y recargar energía, pero no.

Hoy en día no resulta viable elaborar planes rígidos a cinco años. Sin embargo, las empresas sí deberían tener muy claros los siguientes puntos:
Una visión de futuro bien definida, que permita que toda planeación y estrategia tenga un objetivo claro hacia el cual dirigirse.
Planeación y estrategia no mayores a dos años, con objetivos concretos y flexibles, basados en información actualizada y en los cambios constantes del entorno.
Implementación de acciones de análisis de información y gestión de riesgos, que permitan anticiparse a la competencia y tomar decisiones de forma oportuna.

Soy un hombre del siglo pasado, pero los tiempos nos invitan —y nos obligan— a renovarnos y a actualizar nuestras formas de ver, hacer y crear negocios

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