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Desde muy joven, Eduardo comprendió que el desarrollo tanto personal como empresarial no ocurre de manera automática, ya que se requieren de cualidades como la iniciativa, esfuerzo y el valor de salir de la zona de confort. Más que un empresario, el fundador de Grupo Megarey se considera un constructor de equipos, sistemas y oportunidades. Con esta visión, ha alcanzado las metas que se ha propuesto.
Su historia no está marcada únicamente por aciertos. Al contrario, con humildad reconoce que ha enfrentado grandes desafíos que lo han llevado a fracasar, sin embargo, con resiliencia y criterio forjó una determinación que le permitió levantarse más fuerte que nunca después de cada intento fallido. Para él, lo más importante es nunca dejar de intentarlo.
En entrevista, comparte que su formación profesional tomó un rumbo poco convencional, rompiendo los esquemas al dejar los estudios a temprana edad para integrarse a los negocios familiares. Y fue ahí, comenzando desde abajo que, acompañado de su padre, Don Benjamín Reyes García, asimiló que el aprendizaje era indispensable para triunfar.
En la escuela del trabajo, como él le llama, aprendió procesos de operación, administración, liderazgo y estrategia. En la práctica y el contacto directo con los negocios reales, fue asumiendo la responsabilidad de generar resultados como un colaborador más y una convicción clara: el conocimiento más valioso es el que se construye en la acción.
“El carácter se forma más en los
errores que en los éxitos”
EL VALOR DE APRENDER TRABAJANDO
La trayectoria de Eduardo está fuertemente ligada al trabajo familiar. Al lado de sus hermanos y con el ejemplo de su padre, no creció con la idea de heredar algo, sino de merecerlo. Al preguntarle si alguna vez se sintió presionado por el peso familiar, sin dudarlo asegura que no fue una presión en el sentido negativo, fue una exigencia bien entendida. Al final, ese aprendizaje lo ha llevado hasta donde se encuentra hoy en día.
Aprendió que los negocios no son solo una vía de crecimiento económico, también una posibilidad de cambiar cientos de vidas. Cada empresa está hecha por su gente, y la experiencia de convivir con ellos durante años le brindó la certeza de que un líder también tiene la responsabilidad de convertirse en agente de cambio para mejorar la calidad de vida de cada uno de sus colaboradores.
Gracias a la confianza que depositó su padre en él, fue ascendiendo por méritos propios y la pasión que lo caracteriza hasta convertirse en Director Comercial y de Operaciones de Grupo Reyma, cargo que desempeñó con orgullo y compromiso pues, en sus palabras: El ejemplo pesa más que el discurso.
Después de varios años liderando el área, su padre lo motivó a independizarse, apoyándolo en todo momento. Y Eduardo, aunque lo pensó un par de días, finalmente sintió esa necesidad de probarse a sí mismo y construir algo propio. Así comenzó a escribir su propia historia y aunque al principio no todos los proyectos funcionaron, cada intento le dio la claridad necesaria para crear Megarey.
Durante su etapa en Grupo Reyma, supo que el sector logístico representa un componente estratégico para la competitividad de cualquier empresa. Desde esa posición identificó una gran oportunidad de negocio que ofrecería soluciones con mayor puntualidad, seguridad operativa y un servicio que fuera verdaderamente personalizado para cada cliente.
“Un líder no acumula empresas, forma personas capaces de sostenerlas”
EL CAMINO HACIA EL LIDERAZGO
El nacimiento de Megarey no estuvo exento de retos, ya que Eduardo sabía que el sector logístico es altamente demandante y poco tolerante al error, por lo que orientó todos sus esfuerzos para convertirse no solo en un proveedor, sino un socio que pudiera crear soluciones a la medida de las necesidades del cliente. Fuera del entorno en el que se desarrolló, el empresario puso a prueba lo aprendido en la empresa familiar, siguiendo esa necesidad de validación personal que fue el punto de partida.
Con la firme creencia de que nadie se forma evitando riesgos, uno de los principales desafíos que recuerda es haber entendido que crecer sin orden era peligroso. Es así que cambia de mentalidad para pasar de sobrevivir y operar a crear una infraestructura que tuviera como base un sistema sólido y un equipo de profesionales comprometidos y preparados para estar un paso adelante.
Asimismo, más allá del número de unidades, se centró en ofrecer un valor agregado que diferenciara sus servicios mediante la profesionalización de la operación, análisis de datos, indicadores y una cultura organizacional sana que permitiera una sinergia idónea que, lejos de improvisar, controlara cada proceso, a fin de brindar una respuesta inmediata.
Mientras platicamos con Eduardo, recuerda que hubo un punto de inflexión en la empresa. Y fue darse cuenta que ninguna empresa puede darse el lujo de depender del esfuerzo individual, de tal manera que formó un equipo de colaboradores que compartieran una misma visión y objetivos para hacer posible lo inimaginable. Esa decisión, sin duda, cambiaría la forma en que operaban.
Y es que Megarey no se hizo de un día para otro. Fue fruto del esfuerzo de alguien que decidió luchar por sus sueños, a pesar de las derrotas que lo obligaron a detenerse y replantearse el camino. Y aunque hubo momentos de incertidumbre, la principal motivación de Eduardo fue y sigue siendo su equipo de trabajo, que ha hecho posible que al día de hoy Grupo Megarey sea una de las empresas más importantes de la región.
“Si la logística falla, todo falla”
DE EMPRESA A GRUPO EMPRESARIAL
La evolución de Megarey ha sido un proceso natural. Lo que inició como una empresa enfocada en logística comenzó a expandirse hacia otras áreas en las que se detectaron nuevas alternativas de desarrollo que dieron como resultado líneas de negocio que marcaron el nacimiento de Grupo Megarey, consolidando el trabajo y el sueño de su fundador y su equipo de colaboradores.
Aunque la empresa creció, esta diversificación no respondió a decisiones impulsivas, fue una lógica basada en estrategias concretas y en la capacidad operativa de la organización. Cada unidad de negocio se incorporó después de evaluar su viabilidad con el objetivo de construir una estructura en la que cada área complementa a la otra.
“El éxito es temporal.
La voluntad es lo que permanece”
Actualmente, Grupo Megarey está conformado por diversas empresas: Transportes Especializados Megarey, Megarey Adhesivos para Construcción, Purificadora de Agua Vital y proyectos de desarrollo inmobiliario. Y el reto principal consiste en lograr que todas operen bajo un mismo estándar de disciplina organizacional, transparencia en la información y buena una cultura empresarial.
Por otra parte, el grupo ha incorporado procesos de digitalización, sistemas de control y herramientas para información operativa y financiera, estableciendo indicadores por cada área. No obstante, Eduardo confiesa que la innovación más relevante ha sido cultural: formar líderes intermedios capaces de tomar decisiones basadas en datos. La misión es que cada unidad de negocio esté perfectamente estructurada para concretar resoluciones que sumen al desarrollo constante.