Con resiliencia y pasión, la triatleta leonesa también brilla en el ciclismo profesional

A los 18 años, Sara tomó la decisión de dedicarse de manera profesional al triatlón, posicionándose como número uno en el ranking internacional. Tiempo después, fue sometida a una cirugía cerebral para retirar un tumor, perdiendo la glándula pituitaria. A partir de entonces, comenzó un proceso de reconstrucción tanto física como deportiva, permitiéndole regresar al alto rendimiento y experimentando una nueva etapa en el ciclismo profesional.

¿En qué momento decidiste que lo tuyo era el deporte?

Siempre tuve facilidad y talento para el deporte, pero cuando todo cambió fue cuando conocí el triatlón. Me fascinó la exigencia de combinar tres disciplinas en una sola y el reto constante que implica. Ganar mi primer triatlón sin una preparación específica me hizo entender que no solo era una pasión, sino una vocación, y a partir de ese momento decidí convertir el deporte en mi profesión y en mi proyecto de vida.

¿Qué significa para ti ser una triatleta profesional?

El triatlón es una disciplina compleja, demandante y profundamente formativa. Para mí, ser triatleta profesional significa representar a mi país con responsabilidad y compromiso, y dar el máximo cada día, incluso cuando las condiciones no son ideales.

Hoy, viviendo con una condición médica poco común, mi carrera demuestra que el alto nivel no depende solo de las circunstancias, sino de la capacidad de adaptarse, sostener el proceso y no renunciar a los objetivos.

¿Quiénes fueron tus primeros apoyos cuando empezaste?

Mi primer gran referente fue mi papá, quien practicaba triatlón y despertó en mí el interés por este deporte. Sin embargo, fue mi mamá quien, desde muy pequeña, me inculcó la disciplina, la constancia y el amor por el deporte.

Cuando decidí dedicarme de manera profesional, comencé a buscar apoyos para poder cubrir los gastos que implica el alto rendimiento, y a lo largo del camino varias empresas guanajuatenses han sido parte importante de mi crecimiento, como Vise y Leuken. Marcas muy importantes como Skechers, Speedo, Local Legend y Giant que me han ayudado a posicionarme. También he recibido respaldo institucional a través de CODE Guanajuato y COMUDE León.

En el ámbito deportivo, el acompañamiento de mi entrenador ha sido clave para poder regresar a mi mejor nivel, así como el trabajo de mis fisioterapeutas. A todo esto se suma el apoyo constante de mi familia, mi novio y mis amigos, que forman la base de la comunidad que me sostiene y me impulsa.

¿Cómo es tu día a día para prepararte y mantenerte como una atleta de alto rendimiento?

Mi rutina diaria es muy estructurada. Entreno entre dos y cuatro sesiones al día, los siete días de la semana, dependiendo de la etapa de preparación en la que me encuentre. El descanso es tan importante como el entrenamiento, por lo que procuro dormir entre ocho y diez horas.

La alimentación es uno de mis pilares: cuido de manera muy precisa qué, cuándo y cuánto como, asegurando que mi cuerpo tenga la energía y los nutrientes necesarios para entrenar, recuperarse y rendir al máximo. Además, debido a mi condición médica, sigo un tratamiento específico que debo integrar de forma rigurosa a mi rutina diaria.

¿Qué sacrificios personales te ha exigido el alto rendimiento?

He tenido que aprender a decir no a planes sociales, a reuniones familiares y a momentos de descanso improvisados para cumplir con mis horarios de entrenamiento, recuperación y competencia. Más que renuncias emocionales, son elecciones conscientes: entender que para competir al máximo nivel se necesita constancia, orden y la capacidad de sostener un proyecto a largo plazo.

¿Hubo alguna competencia que marcó un antes y un después en tu carrera?

Sí, la primera competencia internacional que gané fue algo muy importante en mi carrera. Ocurrió en Chile, en un triatlón particularmente exigente: el agua estaba a 16 grados, las condiciones climáticas eran duras y el entorno era completamente distinto a lo que estaba acostumbrada.

Más allá del resultado, fue una experiencia que me obligó a madurar como atleta y como persona. Viajé sola, resolví cada detalle por mi cuenta y entendí que competir a nivel internacional no solo requiere preparación física, sino autonomía, capacidad de adaptación y fortaleza mental.

¿Cómo enfrentas las derrotas o los resultados que no salen como esperas?

No concibo las derrotas como fracasos. Para mí, cada resultado es información. Cuando algo no sale como lo esperaba, analizo el proceso, identifico qué se puede mejorar y ajusto el camino. El deporte de alto rendimiento exige una mentalidad flexible y estratégica: adaptarte rápido, tomar decisiones y seguir avanzando. En general, no creo en las derrotas sino en las oportunidades.

Sabemos que has incursionado en el ciclismo, ¿qué fue lo que te motivó?

Después de fracturarme ambos fémures y recibir un diagnóstico que me obligó a suspender la carrera a pie por una enfermedad en los huesos, decidí probar el ciclismo mientras el tratamiento hacía efecto, necesitaba una alternativa que me permitiera seguir compitiendo y manteniéndome en el alto rendimiento. El ciclismo se presentó como una oportunidad natural para canalizar mi nivel competitivo, mi disciplina y mi capacidad física, sin detener mi proceso deportivo.

Desde entonces, los resultados han sido muy positivos. Actualmente soy campeona nacional de contrarreloj y este año inicié la temporada compitiendo en el Tour de El Salvador, donde logré un top 10 en el Grand Prix, enfrentándome a ciclistas de alto nivel provenientes de distintos países. Estos resultados confirman que la adaptación y la constancia pueden abrir nuevas rutas dentro del deporte profesional.

Durante los últimos años has atravesado un reto
de salud importante. ¿Cómo ha influido este proceso
en tu carrera?

Muchos doctores me prohibieron continuar con mi sueño y los diagnósticos no eran favorables, sin embargo, me he adaptado poco a poco y no he perdido la esperanza. Literalmente me falta una parte de la cabeza, vivo con más de 8 enfermedades crónicas y mi tratamiento incluye muchas pastillas e inyecciones diarias.

Atravesar un proceso de salud tan complejo cambió por completo mi forma de entender el deporte y el alto rendimiento. Esta experiencia me obligó a conocer mi cuerpo desde otro lugar, a ser mucho más precisa, paciente y consciente en cada decisión, sin perder la exigencia ni la ambición deportiva.

He tenido que adaptar mi tratamiento y mi entrenamiento, incluso mis competencias porque tengo que viajar con medicamentos de refrigeración y ser muy ordenada con el horario de cada pastilla.

¿Cómo te definirías hoy, en esta etapa de tu vida?

Hoy me defino como una atleta más completa, con mayor claridad sobre quién soy, qué quiero y cómo sostenerlo en el tiempo. Sigo siendo competitiva  exigente, pero ahora con una visión más estratégica y madura, tanto dentro como fuera del deporte.

¿Cómo imaginas tu futuro dentro del triatlón y ahora en el ciclismo?

Imagino un futuro enfocado en la consolidación y la evolución constante. Mi objetivo es seguir compitiendo al más alto nivel, aprovechando la experiencia acumulada en el triatlón y el crecimiento que me ha dado el ciclismo, buscando siempre nuevos retos deportivos.

Quiero representar a México en el ciclismo internacional, crear un equipo de mujeres, ya que actualmente hay muy pocos equipos latinoamericanos compitiendo a nivel internacional. También quiero seguir compitiendo en triatlón y participar en largas distancias como el Ironman 70.3 y ser la mejor mexicana en ambas disciplinas. En un futuro me encantaría ayudar a que crezca el deporte en nuestro país e impulsar a las nuevas generaciones.

“No hay certezas en el alto rendimiento, pero sí hay decisiones”

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