La historia de mujeres que construyen futuro
Durante décadas, el emprendimiento femenino ha sido visto como un esfuerzo económico, pero es mucho más: es una declaración de identidad, es una voz que se abre paso entre estigmas, limitantes y responsabilidades históricamente asignadas.
Para muchas mujeres, el emprender es, ante que nada, un acto de valentía que conlleva consigo el sacrificio de lo que por naturaleza misma deberíamos hacer. Por ello, se convierte en un movimiento que nace desde la raíz misma de los sueños y se alimenta de la fuerza diaria de miles de mujeres que, a pesar de los obstáculos, deciden transformar su historia.
Soy Patricia Olivia Martínez, licenciada en Derecho y Contador Público, desde mi papel como directora de la capacitación de “Emprendedora a Empresaria” en la AMEXME Capítulo León, he tenido el privilegio de conocer a mujeres con sueños tan grandes como sus desafíos. Mujeres que llegan con el brillo de una idea y al mismo tiempo, con el peso de diversas exigencias.
Muchos de los sueños de estas mujeres son tan reales como sus responsabilidades y es ahí, en ese punto exacto, donde se cruzan las ganas con la vida misma, donde ocurre algo extraordinario.
La mujer que emprende carga con diferentes roles, es: mamá, esposa, líder, administradora del hogar, soporte familiar de su familia, etc., y además emprendedora. Aún así, decide luchar por su sueño, iniciar un proyecto y apostarle una visión que busca transformar su vida y la de quienes la rodean.
Emprender es en sí complejo, pero para una mujer implica navegar entre expectativas sociales que todavía hoy nos dice que “debemos” estar en ciertos lugares y no en otros. Implica demostrar constantemente la capacidad, el valor y el impacto de las ideas, así como la preparación. Y, aunque el motor económico es importante, no es el único, existe una necesidad profunda de autovaloración, de sentirnos suficientes y demostrar lo que podemos hacer.