Carreras no lineales: dejar de ver los cambios como fracasos
Nos vendieron una historia muy específica del éxito. Una historia con línea recta, líneas de avance bien marcadas y finales lógicos: estudias algo, trabajas de eso, subes de puesto, te quedas ahí “estable” y listo. El problema es que la vida real casi nunca funciona así.
La mayoría de nosotros no avanzamos en línea recta: zigzagueamos, nos detenemos, cambiamos de carril, damos vueltas en retorno y, aun así, seguimos avanzando. Solo que nadie nos enseñó a leer ese mapa.
El mito de la carrera perfecta
Crecimos creyendo que cambiar de rumbo es sinónimo de equivocarse. Que renunciar es fracasar. Que empezar de nuevo es perder el tiempo invertido. Y entonces aparece la culpa: “Si hubiera aguantado un poco más…”, “Si no hubiera dejado ese trabajo…”, “Si me hubiera ido cuando pude…”.
Todas esas ideas son habitantes permanentes en nuestras cabezas, sin embargo, también debemos ser conscientes de que permanecer en un lugar que ya no te reta, que ya no suma… también es una forma de perder.
Las carreras no lineales no son caos, son adaptación. Muchas de las habilidades más valiosas no se construyen en trayectorias “perfectas”, sino en los cruces inciertos:
• Las personas que estudiaron algo y terminaron trabajando en otra cosa, pero aprendieron a pensar distinto.
• Quienes pasaron por trabajos “sin conexión entre sí” y hoy tienen una visión más integral con la que no todos cuentan.
• Quienes salieron del camino seguro para explorar uno incierto y además de la experiencia también ganaron criterio.
¿Qué es lo que nunca va a mostrar el C.V.?
• Las veces que te rearmaste emocionalmente.
• Las decisiones difíciles que tomaste para cuidarte.
• Soft skills que desarrollaste sobreviviendo a contextos adversos.