Verticalidad en movimiento: una nueva etapa en el desarrollo urbano de León

León se encuentra en un momento decisivo de su historia urbana. El crecimiento constante de su población, la diversificación de su economía y la consolidación de nuevos polos de actividad han puesto sobre la mesa una pregunta clave: ¿cómo crecer sin perder calidad de vida? En este contexto, la verticalidad deja de ser solo una tendencia arquitectónica para convertirse en una estrategia urbana necesaria, dinámica y profundamente ligada al futuro de la ciudad.

Durante décadas, León se desarrolló bajo un modelo predominantemente horizontal. Este esquema permitió una expansión rápida, pero también trajo consigo retos importantes: mayor dependencia del automóvil, consumo extensivo de suelo, presión sobre la infraestructura y una fragmentación del tejido urbano. Hoy, estos desafíos nos obligan a replantear la forma en que habitamos y construimos la ciudad.

La verticalidad apuesta por desarrollos mixtos, donde vivienda, comercio, oficinas y servicios convivan de manera eficiente, generando entornos más compactos, activos y seguros. Este modelo favorece la cercanía, reduce tiempos de traslado y promueve una vida urbana más sostenible.

En León ya comenzamos a ver señales claras de esta transición. Estas edificaciones no solo transforman el skyline de la ciudad, sino que también detonan procesos de regeneración urbana, revalorización del entorno y optimización de la infraestructura existente.

Sin embargo, la verticalización debe ir acompañada de planeación, regulación y diseño de calidad. No basta con construir hacia arriba; es fundamental garantizar que estos desarrollos respondan al contexto local, respeten la escala urbana, integren espacios públicos de valor y consideren criterios de sustentabilidad. La arquitectura tiene la responsabilidad de crear edificios que dialoguen con su entorno y aporten a la ciudad, no que la saturen.

Desde la perspectiva de las mujeres empresarias y profesionistas, la verticalidad también representa una oportunidad. Abre la puerta a nuevos modelos de negocio, impulsa la innovación en la construcción y fomenta una ciudad más equitativa, donde los servicios y oportunidades estén al alcance de más personas. Además, promueve entornos urbanos más seguros y activos, especialmente cuando se diseñan con una visión incluyente y de género.

El reto está planteado. La decisión de cómo queremos que León se vea y se viva en las próximas décadas comienza hoy, edificio por edificio, calle por calle, con una visión clara y un compromiso colectivo con el futuro de nuestra ciudad.

Por Arq. Daniela Cerano G.
Socia de la AMEXME León Capítulo León