Durante décadas, León se desarrolló bajo un modelo predominantemente horizontal. Este esquema permitió una expansión rápida, pero también trajo consigo retos importantes: mayor dependencia del automóvil, consumo extensivo de suelo, presión sobre la infraestructura y una fragmentación del tejido urbano. Hoy, estos desafíos nos obligan a replantear la forma en que habitamos y construimos la ciudad.
La verticalidad apuesta por desarrollos mixtos, donde vivienda, comercio, oficinas y servicios convivan de manera eficiente, generando entornos más compactos, activos y seguros. Este modelo favorece la cercanía, reduce tiempos de traslado y promueve una vida urbana más sostenible.
En León ya comenzamos a ver señales claras de esta transición. Estas edificaciones no solo transforman el skyline de la ciudad, sino que también detonan procesos de regeneración urbana, revalorización del entorno y optimización de la infraestructura existente.