Cómo el silencio puede transformarlo todo
Vivimos en un mundo en donde la velocidad nos consume cada día más. Mensajes que llegan uno tras otro, correos electrónicos, pendientes urgentes y la sensación constante de que todo era para ayer. Decidimos rápido, respondemos todavía más rápido y seguimos avanzando sin detenernos a pensar si realmente es necesario ir a esa velocidad.
En el entorno personal, pero sobre todo en el laboral, esta prisa permanente la hemos normalizado. Parecer ocupado se ha vuelto sinónimo de ser productivo, y pausar, casi es considerado un acto de rebeldía. El silencio incomoda porque se confunde con indecisión, cuando en realidad muchas veces es lo contrario: es el espacio donde la claridad empieza a tomar forma.
Cuando no nos damos espacio para pensar, nos volvemos reactivos. Respondemos correos sin leerlos bien, oímos más no escuchamos, aceptamos proyectos que no nos convienen, tomamos decisiones para salir del paso. En cambio, una pausa corta, cinco minutos, una caminata, un silencio incómodo, puede cambiar por completo nuestra perspectiva.
El silencio, aunque no lo parezca, también comunica. La primera vez que escuché del valor del silencio, lo leí en un libro de Gaby Vargas, y estaba completamente enfocado en la imagen. Hoy, desde el ámbito laboral y empresarial, entender el poder del silencio nos da una perspectiva distinta.