Espacios sostenibles para una comunidad consciente. 

Una buena arquitectura puede estar desarrollada para personas positivas y optimistas, donde la arquitectura no ofrece resistencia, siendo cómoda, transparente, funcional y para un tiempo de juventud presente y eterno, una arquitectura para personas que no envejecen ni mueren.

La arquitectura de la felicidad inmediata centrada en una mismidad que alimenta solo el ego personal y satisface deseos inmediatos, está conformada en la hiperactividad de estos tiempos y no promueve la vida, sino una sociedad situada en el cansancio, como lo establece el filósofo Byung-Chul Han, quien expresa que, al ser yo mi propio patrón, me exploto a mi mismo, no teniendo tiempo para la meditación, la reflexión y la esperanza.

Esta arquitectura es transparente.

Este tipo de arquitectura, con una estética de lo inmediato, es transparente, al igual que el mundo de redes sociales: lo muestra todo y no oculta nada. Elimina el misterio, el silencio y la intimidad, dejando de lado el deber para dar paso a la idea de que todo se puede. Al no dejar nada oculto, nada se devela lentamente, y con ello desaparecen los rituales y la tradición.

¿Qué pasaría con una arquitectura que ofrezca resistencia a sus habitantes y que genere contrariedad? Que genere crisis y a su vez haga consciente a cada habitante de su fatalidad y decrepitud mortal. ¿Sería una arquitectura situada en la negatividad?

Esta arquitectura no revela todo de inmediato, sino que mantiene la profundidad de los<br />
rituales vivos.

Parafraseando a Byung-Chul Han, se busca más bien un tiempo lento y reflexivo, lleno de rituales y personas con esperanza en el futuro con una arquitectura sostenible que promueve la vida. Situada en la esperanza y en la espera, que se extienda en el tiempo, misteriosa, que no lo revela todo de inmediato, sino que mantiene la profundidad de los
rituales vivos.

Un hábitat que provoque la salvaguarda y cuidado de la vida como oficio y beneficio educativo, donde cada habitante viva en espacios promotores de vida que fomenten el desarrollo de las aptitudes y capacidades de cada persona, procurando un entorno sostenible, bello y justo.

Tatiana Bilbao plantea que la arquitectura debe permitir que las vidas entregadas de cada ser humano se desarrollen a plenitud y mantengan una vibrante permanencia en el mundo, incluso ante la decrepitud inherente a la vejez. En esta línea, Liu Jiakun, ganador del Premio Pritzker 2025, confirma una arquitectura orientada a comunidades solidarias y allegadas a sus rituales culturales, en el que se pueda recrear y resignificar a un humano que se comparte a los miembros de la comunidad, cuidando del universo y la naturaleza.

Una arquitectura del decoro, que cuida la vida establece narrativas largas y tiempo lento, espacio para ocultar el misterio profundo de cada ser, de este modo el milagro de la vida pervive en una arquitectura de la contrariedad que permita la narración de historias y rituales que transmitan el legado a atesorar de nuestros antepasados.

Se requiere de una arquitectura que se sostenga en el legado y patrimonio de nuestros antepasados, conectada al entorno vital de la naturaleza humana, comprendiendo que el espacio al igual que el humano requiere de una capacitada plástica, resiliente y orgánica integrada a ecosistemas vitales para así adoptarse a mundos complejos por venir, en un proyecto de comunidad compartida y equidad social.

Tatiana Bilbao