Imaginar un mundo diferente
¿Alguna vez has escuchado el término Steampunk? Se trata de un concepto que se popularizó a finales de los años 80 a través de la pluma del escritor K. W. Jeter, quien la había utilizado para describir a una variante irónica del también entonces popular cyberpunk. Es un subgénero de la ciencia ficción donde la tecnología predominante es el vapor (de ahí que se llame “steam”, vapor en inglés) combinada con la moda y costumbres de los países occidentales del siglo XIX.
¿Por qué de esa época y lugar? Bien, su enfoque prioritario mezcla elementos de la Época Victoriana (Inglaterra), la Belle Époque (Francia) y a veces en el Viejo Oeste (Estados Unidos), espacios donde se vivieron expansiones tecnológicas a pasos agigantados.
Además, en estos relatos se remarca la ucronía, un género literario caracterizado porque la trama transcurre en un mundo desarrollado a partir de un punto en el pasado que sucedió de forma diferente a la realidad y permite especular realidades alternativas ficticias.
Y es que imaginar el cómo pudo ser la vida de otra manera, siempre llena de emoción tanto a escritores como no, pero, ¿por qué nos gusta idear escenarios donde el pasado cambia? Las razones pueden ser muchas: la nostalgia, el salvar ideales ahora marchitos o evitar catástrofes.
El mundo presiente que todo podría ser de una manera diferente, que no estamos sujetos a un solo rumbo fijo, deseamos que haya algo más allá y, ¿cómo no lo vamos a desear? Estamos llenos de limitaciones a veces físicas, a veces mentales o emocionales, llenos de tristezas, de amarguras provocadas, cada una sintiéndose como una piedra que retrasa el camino deseado. ¿Cómo no vamos a desear que haya otra vida en que todo sea diferente?
El steampunk no es solo una alternativa a una vida donde la tecnología se une con visiones futuristas, es un movimiento artístico-cultural de estética retrofuturista, un canto donde el pasado no pelea con el futuro o viceversa.