¿Estudiar derecho todavía?
Elegir carrera se parece a apostar por un futuro que todavía no existe. Y cuando el mundo cambia tan rápido, es normal que surja la duda: ¿tiene sentido estudiar Derecho en plena era de la inteligencia artificial?
Mi respuesta es un sí contundente, aunque con matices que conviene conocer antes de inscribirte.
Seamos honestos: la tecnología ya revisa contratos en segundos, ordena expedientes y rastrea precedentes. Tareas repetitivas que antes ocupaban a un pasante durante semanas hoy las resuelve un software. Pero hay algo que ningún algoritmo ha logrado replicar el momento de sentarse frente a una persona angustiada, escuchar su historia, entender lo que no dice y decidir cómo defenderla. Ese criterio, esa empatía y esa convicción siguen siendo profundamente humanos.
Detrás de cada expediente hay una familia que espera una pensión, un trabajador que perdió su empleo, un ciudadano que siente que nadie lo escucha. El abogado de hoy no recita artículos de memoria: traduce un lenguaje complejo a palabras que la gente entiende, acompaña en los peores momentos y encuentra salidas creativas cuando la ley parece no tener respuesta.
Además, esta carrera abre más puertas de las que imaginas. Litigar es solo una de ellas: también hay camino en la función pública, la diplomacia, la empresa, el periodismo, las organizaciones sociales o la docencia.
Quizá su mayor regalo sea el pensamiento crítico: dudar con método, argumentar con orden y distinguir lo que suena bien de lo que es cierto. En tiempos de desinformación y opiniones a gritos, esa habilidad vale oro, sin importar dónde termines trabajando.