Aprende a que te sobre 

Cuando reflexionamos acerca de la educación, normalmente pensamos en aprender algún idioma, obtener un título, desarrollar habilidades profesionales o preparar a nuestros hijos para un futuro con más oportunidades. Pero existe una materia que pocas veces aparece en el salón de clases y que, sin embargo, acompaña prácticamente todas nuestras decisiones: la relación que tenemos con el dinero. A eso le llamo Inteligencia Emocional Financiera.

Nuestra economía no siempre se comporta de acuerdo con nuestros conocimientos. Muchas veces sabemos perfectamente que deberíamos ahorrar, evitar compras innecesarias o planear nuestros gastos… y aun así decidimos hacer lo contrario. ¿Por qué? La respuesta es sencilla, el dinero también despierta emociones.

Compramos para sentirnos mejor. Gastamos para pertenecer. Evitamos revisar nuestras cuentas porque nos genera ansiedad. Nos endeudamos por presión social. Disponemos de más para demostrar que podemos hacerlo o dejamos de tomar decisiones importantes porque tenemos miedo de equivocarnos.

Los padres pueden pasar años haciendo un enorme esfuerzo para pagar la formación de sus hijos, pero la educación financiera debe ocurrir en casa. Un niño observa cómo sus padres hablan del dinero, cómo reaccionan ante una dificultad económica, qué compran, qué postergan y qué consideran importante. Entonces el aprendizaje económico no puede transmitirse solo con palabras, se construye con acciones y decisiones.

Por eso, enseñar educación financiera no debería limitarse a explicar cómo hacer un presupuesto; necesitamos aprender por qué hacemos con nuestro dinero lo que hacemos. Esto es especialmente importante cuando hablamos de educación.

Mi concepto central parte de la premisa: no se trata únicamente de ganar más, sino de aprender a tomar mejores decisiones con el dinero que llega a nuestras manos. Porque ganar más sin desarrollar conciencia, puede simplemente significar gastar más.

En este mes, dedicado al Impulso Educativo, vale la pena ampliar la conversación: educar no es solamente preparar a una persona para conseguir un empleo o construir una profesión. También es ayudarla a desarrollar la capacidad de tomar decisiones conscientes, incluso cuando intervienen emociones.

Quizá una de las mejores enseñanzas financieras que podemos dejarles a nuestros hijos no sea cuánto dinero tenemos, sino enseñarles qué hacer cuando el dinero llega. Ayudarlos a comprender lo que implica generar, ganar y administrarlo es también enseñarles a valorar el esfuerzo que hay detrás de él y la responsabilidad que conlleva. Para que algún día puedan decir: “No necesito que el dinero me controle; aprendí a controlarlo yo.” 

Lee más contenido de nuestro colaborador Ricardo Bertheau