Volatilidad cambiaria y riesgos

A inicios de septiembre, el dólar cotizaba cerca de los $16.89 pesos, su precio más bajo desde mayo de 2024. Cuatro semanas después superaba los 18. El peso cerró septiembre con una caída de 6.3%, su peor mes en más de dos años, siendo de las más pronunciadas entre las principales monedas del mundo.

Para una empresa que compra piel, químicos o maquinaria en dólares, o que vende calzado y autopartes al extranjero, un brinco de más de un peso por dólar en un mes cambia el margen de un pedido completo.

El peso es de las monedas emergentes más negociadas del mundo, se compra y vende casi sin pausa en Nueva York, Londres y Asia. Esa facilidad tiene un costo: cuando un inversionista global se asusta, el peso es lo primero que vende. Por ello el tipo de cambio reacciona en minutos a datos económicos estadounidenses, a un mensaje de Trump, la Reserva Federal (Fed), al precio del petróleo o a conflictos internacionales.

Parte de la fortaleza del peso venía del carry trade: inversionistas que piden prestado donde la tasa es baja e invierten en pesos, donde la tasa es alta, para quedarse con la diferencia.

Sin embargo, esta operación depende de dos cosas: que la diferencia de tasas sea amplia y que el peso no se mueva en contra. Actualmente, Banxico paga 6.50% y la Fed 3.75% – 4.00%, reduciéndolo a unos 2.5 puntos. Con menos ganancia, cualquier susto basta para que ese dinero salga.

A pesar de que la tasa de referencia de Banxico es mayor a la de Estados Unidos y a la inflación, sigue existiendo una tasa real ex ante.

El 16 de septiembre, la Reserva Federal subió su tasa por primera vez desde 2023, y su minuta del 7 de octubre, reveló la posibilidad de otra alza este año. En contraste tres de los cinco miembros de Banxico están dispuestos a discutir un recorte y descartan seguir mecánicamente a la Fed. Con una inflación mexicana de 3.45% y bajo crecimiento, aumenta la expectativa de debilidad del carry trade.

Por tanto; si la Fed sube y Banxico baja, el colchón del carry trade se adelgaza todavía más. El propio Banxico lo reconoce: uno de sus miembros advirtió que la calma del peso dependía de un dólar débil.

Los siguientes factores siguen siendo imperantes de monitoreo:

● Elecciones en Estados Unidos. El 3 de noviembre se renueva el Congreso. El resultado definirá con qué fuerza negociará Washington con México.
● T-MEC. Se seguirá negociando casi cada año.
● Petróleo y Medio Oriente. Un barril más caro alimenta la inflación en Estados Unidos, empuja a la Fed a subir tasas y fortalece al dólar.
● México 2027. Conforme se acerquen las elecciones intermedias del próximo año, el ruido político local también pesará.

Hay mucha dispersión en los pronósticos del consenso: algunos ven el dólar en 17.50 al cierre del año y otros por encima de 18. Por eso conviene no apostar a un nivel. Lo sensato es cubrir en una proporción con algún forward o futuro, con anticipación los pagos en dólares, pactar precios con un margen para la volatilidad y, donde se pueda, cobrar y pagar en la misma moneda.

El peso seguirá moviéndose; la diferencia está en que no tome a su empresa por sorpresa.

Lee más contenido de nuestro colaborador Mario Montañez