Competir sin fronteras

México vive un momento que puede transformar la manera en que nuestras empresas crecen y compiten. El nearshoring ha abierto oportunidades para atraer inversiones y fortalecer cadenas de suministro, pero su impacto va mucho más allá de las empresas que exportan directamente. También alcanza a quienes les proveen productos, componentes, servicios, tecnología, logística y talento.

La pregunta, entonces, no es únicamente cuántas empresas llegarán a México, sino qué tan preparados estamos para desarrollarnos junto a ellas.

Durante años entendimos la competitividad principalmente desde el producto: precio, calidad, innovación, capacidad de producción y tiempos de entrega. Estos factores siguen siendo indispensables, pero ya no son los únicos. Las empresas también compiten por su capacidad para demostrar que cuentan con organizaciones sólidas, talento preparado y relaciones laborales capaces de sostener una operación en el tiempo.

Hoy, además, la competencia pasa por la forma en la que trabajamos. Una empresa puede tener un excelente producto y, aún así, enfrentar dificultades para expandirse o aprovechar nuevas oportunidades si no cuenta con las personas, las capacidades o las condiciones organizacionales necesarias para responder. La gestión del talento, la estabilidad laboral, la capacitación, las relaciones colectivas y el cumplimiento normativo forman parte, cada vez más, de la fortaleza de la organización.

La reforma laboral del 2019 representó un cambio importante en México. Más allá de las modificaciones jurídicas, transformó la manea en que las empresas deben comprender sus relaciones laborales, fortaleciendo aspectos como la libertad sindical, la democracia sindical y la negociación colectiva.

A este contexto se suma el T-MEC. Su capítulo 23, dedicado a los temas laborales, y el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida (MLRR), previsto para determinadas instalaciones entre México y Estados Unidos a través del Capítulo 31 y su Anexo 31-A, muestran con claridad que, bajo ciertos supuestos, los temas laborales pueden trascender los límites internos de una empresa.

No se trata de que cada director o responsable de Recursos Humanos se convierta en especialista en tratados internacionales. Se trata de comprender algo mucho más sencillo: la forma en la que gestionamos nuestras relaciones laborales puede tener implicaciones cada vez más amplias para el negocio.

Por eso, hoy no basta con reaccionar cuando aparece un conflicto o revisar el cumplimiento únicamente cuando se acerca una inspección. Las organizaciones necesitan desarrollar la capacidad de anticipar riesgos, revisar sus prácticas y corregir oportunamente aquello que pueda representar una vulnerabilidad.

 

Las buenas prácticas laborales no deben entenderse únicamente como una obligación. También son una inversión en estabilidad, confianza y competitividad.

Esto implica cuestionar siempre prácticas que durante años pudieron mantenerse bajo la idea de que “siempre se ha hecho así”. Los esquemas irregulares, las simulaciones o las prácticas que vulneran derechos laborales pueden representar aparentes soluciones de corto plazo, pero difícilmente construyen organizaciones preparadas para crecer de manera sostenible.

Y aquí aparece uno de los mayores retos para las empresas: Recursos Humanos ya no debe trabajar aislado.

Un tema laboral puede impactar la operación. Una dificultad para atraer talento puede limitar el crecimiento. Un problema de cumplimiento puede requerir la intervención del área legal y tener repercusiones en otras áreas del negocio. La competitividad actual exige dejar atrás los silos y desarrollar una verdadera colaboración multidisciplinaria.

Capital Humano necesita trabajar cada vez más cerca de Legal, Operaciones, Compras, Desarrollo de Proveedores, Comercio Exterior, Dirección General, etc. No porque todas las áreas tengan que convertirse en expertas en los temas de las demás, sino porque los desafíos actuales requieren conectar conocimientos para tomar mejores decisiones y generar respuestas oportunas.

Esto cobra especial relevancia frente al nearshoring. Su impacto se extiende a toda la cadena de proveeduría. Una empresa puede no exportar directamente y, aún así, formar parte de una cadena que atiende a mercados internacionales. Además, incluso las organizaciones que decidan concentrarse en el mercado nacional enfrentarán un entorno más competido, con nuevas organizaciones disputando talento, elevando estándares y transformando las expectativas de los clientes y proveedores.

La competencia no se detiene en la frontera. Cuando las cadenas globales llegan a nuestro territorio, también cambian las reglas del mercado local.

Desde mi experiencia acompañando organizaciones, uno de los desafíos más importantes ha sido ayudar a conectar Capital Humano con las prioridades reales del negocio. Preparar talento, fortalecer las relaciones laborales, prevenir riesgos y construir prácticas sólidas no son tareas aisladas de un área; son decisiones que influyen directamente en la capacidad de una empresa para crecer.

México tiene una oportunidad extraordinaria, pero la ubicación geográfica no garantiza competitividad. Necesitamos talento especializado, organizaciones preparadas y empresas capaces de trabajar más allá de las fronteras internas de sus propios departamentos.

Porque sin talento no hay nearshoring. Pero sin buenas prácticas, relaciones laborales sólidas y una visión estratégica del Capital Humano, difícilmente podremos convertir esa oportunidad en competitividad sostenible. Competir sin fronteras exige entender que las personas no están al margen del negocio. Hoy son parte esencial de la estrategia para llevarlo al siguiente nivel.

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