No importa si hablamos de un residente, un especialista o un director de hospital. El miedo puede retrasar decisiones importantes. La culpa puede llevar a aceptar más trabajo del que realmente se desea. La necesidad de reconocimiento puede impulsar un estilo de vida que exige cada vez mayores ingresos, y la falta de tiempo, una realidad para muchos profesionales de la salud, suele convertir las finanzas personales en un tema que siempre queda para “después”.
Paradójicamente, quienes dedican su vida a cuidar la salud de los demás, con frecuencia posponen el cuidado de su propia tranquilidad financiera. La Inteligencia Emocional Financiera no consiste en ganar más dinero ni en aprender fórmulas complejas. Comienza con preguntas mucho más profundas: