Las libertades del cine
La historia y la imaginación en el cine son los motores vitales que alimentan este arte. La historia nos otorga el sustento y referencia verídica para revisitar y conocer el pasado y la imaginación nos da la libertad infinita para reformular, resanar y construir aquello que no se conoce pero que nos gusta pensar o soñar que así sucedió.
Para nosotros, los plebeyos, es difícil imaginar el día a día de la realeza. Una vida llena de reglas, restricciones y protocolos que deslumbran pero que finalmente son una jaula de oro que los aprisiona y de la que poco conocemos de sus vidas “reales”.
Es por eso que Spencer (2021) es una de las películas biográficas que más me ha intrigado. Una cinta ficticia, que nos plantea las causas por las que la princesa Diana de Gales toma la decisión de terminar su matrimonio y renunciar a la familia real. Una historia entrañable que nos permite humanizar al personaje principal al imaginar un fragmento crucial de su vida.
Conocer la mente de una persona, su sentir, sus motivos y pasiones, y recrear esa experiencia con fidelidad es algo que entra en el campo de la especulación, causando intriga y curiosidad; más si se trata de uno de los artistas más famosos, enigmáticos y poco valorados en vida.
Van Gogh, a las puertas de la eternidad (2018), no intenta llevar a cabo una cronología biográfica del pintor, sino que busca la exploración de la percepción subjetiva del artista, sus pensamientos, cuando realizaba sus obras, sus dolencias y vicisitudes por aferrarse a su pasión. Sí, contamos con registro de cartas, testimonios y sus obras, pero son esos momentos de introspección; lo que no podemos constatar, lo que otorga la belleza a esta cinta.