¿Qué te motivó a enfocarte en la historia detrás de una botella?
Es muy fácil ver una botella en la mesa, pero casi nunca nos detenemos a pensar todo lo que hay detrás de ella; años de trabajo, paciencia y esfuerzo. En el caso del tequila, pueden pasar seis, siete, ocho o incluso más de diez años desde que se siembra el agave hasta que ese producto llega a tu mesa, ya envasado, distribuido y listo para ser consumido. Es un proceso largo, complejo y lleno de personas involucradas.
Desde el jimador en el campo, hasta el maestro tequilero, el destilador, los equipos de producción y los dueños que han dedicado su vida a construir una marca. Por tal motivo, lo que buscamos con el proyecto es eso: conectar el producto con su origen humano y con las comunidades que lo hacen posible, porque ahí es donde realmente está la historia.
Por eso creo que es importante contarla; para generar orgullo, para que en México también se reconozca el valor de nuestros productos, nuestras comunidades y todo lo que representan a nivel cultural y en el mundo.