¿Realmente eres feliz?

A veces, pasar tanto tiempo observando pantallas nos hace olvidar la más grata satisfacción: sentarse un rato a leer un buen libro. Pareciera que el contenido de las redes sociales es más interesante que una historia que nos haga volar la imaginación o pensar.

Fahrenheit 451 es un libro que presenta un futuro distópico donde los libros están prohibidos y se bombardea a la gente con información a conveniencia. Esta historia sigue a Guy Montag, un bombero que quema libros porque la ley prohíbe poseerlos. Sin embargo, su perspectiva cambia al conocer a Clarisse McClellan, una joven de diecisiete años que se convierte en su amiga. A partir de una serie de acontecimientos, Montag comienza a memorizar libros antes de quemarlos.

A pesar de que el libro se publicó en 1953, parece increíble lo cerca que está de nuestra realidad. Nos llega información a medias o maquillada; vivimos en un mundo alienado y conformista que prefiere mirar hacia otro lado antes que informarse.

Con las redes sociales y las plataformas de streaming, caemos en el doomscrolling: ese hábito de consumir una cantidad excesiva de contenido en internet. Todos lo hemos hecho, con o sin intención, pasando horas viendo contenido que no nos aporta nada solo para evadir el verdadero problema. Y esto escala cuando no puedes evitar sacar el teléfono en medio de una reunión con tal de no socializar con tu entorno.

Estamos rodeados de pantallas, embobados con noticias, series o deportes. Hoy es difícil vivir sin un dispositivo. Si bien nos ha permitido descansar, la tecnología es una herramienta de doble filo: merma la capacidad de retención, el pensamiento crítico y la veracidad de la información.

Nos llenamos la cabeza de basura que nos estimula a consumir más, manteniéndonos cautivos en algo nada productivo. Preferimos ver videos “informativos” con tal de no tener un criterio propio, así que detenernos a abrir un libro y disfrutar de la lectura ya es algo análogo. Incluso al buscar información, preferimos consultar a la Inteligencia Artificial, creyendo ciegamente en ella aunque solo nos diga lo que queremos leer o escuchar.

Al inicio del libro, Clarisse le pregunta a Montag si de verdad es feliz y él no logra responder. Es una escena que te pone a reflexionar. ¿Realmente preferimos no cuestionarnos solo para evitar pensar?, ¿nos conformamos con una sociedad llena de censura y desinformación?, ¿realmente somos felices?

Lee más contenido de nuestra colaboradora Leslie Aguilera