El miedo a lo cercano
Uno de los pequeños placeres de la vida que más disfruto es el cine de terror. A diferencia de otros géneros, este tiene la capacidad de confrontarnos con aquello que tememos, sea real o imaginario. Últimamente he percibido un cambio en estas historias que celebro bastante, el uso menos frecuente del jump scare como recurso principal para provocar el susto, apostando por narrativas más cercanas a la experiencia humana.
La perdida de un ser querido es una de las vivencias más dolorosas que puede atravesar una persona. A partir de esta idea surge la pregunta que Haz que regrese (2025) usa como móvil: Si pudiésemos traer de vuelta a alguien que hemos perdido, ¿lo haríamos?
Esta cinta sigue la historia de dos hermanos huérfanos, asignados al cuidado de una mujer peculiar, de comportamiento perturbador e intenciones misteriosas. Más allá de algunas inconsistencias narrativas, la historia logra mantenernos intrigados y en tensión, demostrando que recurrir al susto fácil no es necesario para atraparnos y mantenernos en el filo de nuestros asientos.
En un terreno igualmente cotidiano, Obsesión (2025) nos muestra, de manera aberrante, que tener el amor de la persona anhelada, es un deseo que puede salir muy mal. Este filme narra el impacto de obtener ese “cariño” por medios sobrenaturales y las consecuencias de forzar algo tan complejo y único como el amor.