Las decisiones legales no son solo legales

Una firma de contratos, la elaboración de un testamento, constituir una empresa, un divorcio, regularizar una propiedad o resolver una sucesión parecen procesos guiados por la lógica, los hechos y el marco jurídico. Sin embargo, quienes trabajan en el entorno legal saben que la realidad es distinta, porque detrás de cada expediente suele haber una emoción.

He visto personas que no hacen su testamento porque les incomoda pensar en su propia muerte. Empresarios que retrasan acuerdos importantes por ego o por orgullo. Familias que convierten una herencia en años de problemas porque los hijos tienen resentimientos acumulados. Socios que rompen relaciones comerciales por falta de comunicación y no necesariamente por falta de contratos.

De la misma manera, la mayoría de las decisiones financieras y patrimoniales no se postergan por desconocimiento. Se postergan por emociones (o por no saber gestionarlas). A esto le llamo Inteligencia Emocional Financiera: la capacidad de reconocer cómo nuestras emociones influyen en las decisiones que afectan nuestro patrimonio, nuestro futuro y el de nuestras familias.

En mi experiencia, las personas rara vez posponen una decisión importante porque no entiendan los beneficios. La posponen porque sienten miedo, incertidumbre, incomodidad o porque creen que todavía tienen tiempo. Y es precisamente ahí donde los abogados y notarios desempeñan un papel mucho más importante que el de simples especialistas legales.

Con frecuencia son los profesionales que acompañan a las personas en algunos de los momentos más relevantes de su vida: la compra de un inmueble, la creación de una empresa, una sucesión, un divorcio o la protección de un patrimonio familiar. Su trabajo no consiste únicamente en dar certeza jurídica, también implica ayudar a que las personas tomen decisiones que han evitado durante años.

Quizá por eso los mejores profesionales del ámbito legal no son solamente quienes dominan la ley, sino quienes entienden a las personas que se acercan a ellos, porque detrás de cada firma hay una historia, detrás de cada patrimonio hay emociones, y detrás de cada decisión legal importante existe una pregunta que todos deberíamos hacernos: ¿estoy tomando esta decisión con claridad o desde la emoción?

La respuesta podría definir mucho más que un proceso legal: podría definir el futuro de un patrimonio completo.

Lee más contenido de nuestro colaborador Ricardo Bertheau