México en disyuntiva este año…
El clima de negocios en México este año se encuentra susceptible debido a las condiciones actuales. La inversión nacional y extranjera se encuentran relativamente estancadas ante la incertidumbre que generan distintos eventos económicos este año. Entre ellos la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y la prueba de ácido que están haciendo las distintas calificadoras de riesgo donde observan un claro deterioro de las finanzas públicas.
Recientemente Moody’s rebajó la nota soberana a Baa3, colocándola a un peldaño de perder el grado de inversión, mientras que S&P Global Ratings revisó su perspectiva a negativa, advirtiendo sobre la vulnerabilidad fiscal del soberano. De los principales factores que se identificaron fue la inflación persistente, el estancamiento de la actividad económica y del crecimiento del PIB, así como una proyección de desaceleración económica en lo que resta del año.
Para los comités de calificación, la rigidez del gasto público, una base de recaudación fiscal estrecha y el constante soporte financiero requerido por Pemex —cuyo modelo operativo drena miles de millones de dólares del presupuesto— limitan drásticamente la capacidad del gobierno para estabilizar la deuda pública, que se encamina a rozar el 55% del PIB, algo no visto en la última década.
Por lo anterior, para la comunidad empresarial un eventual recorte generalizado de la calificación crediticia hacia el terreno especulativo desataría un severo efecto cascada en las variables económicas. El primer impacto se daría en el costo del dinero: las tasas de interés corporativas y gubernamentales en teoría tenderían a elevarse, encareciendo el financiamiento de proyectos y mermando los márgenes operativos de las empresas.
En consecuencia, provocaría una contracción de la inversión fija y una fuga de capitales institucionales, cuyos mandatos internos les prohíben invertir en activos sin grado de inversión. Por consiguiente, también el peso mexicano sufriría una fuerte depreciación, inyectando presiones inflacionarias a la cadena de suministro.
Por tanto, es imperante destacar que al comparar la situación con economías de la región como Brasil o Colombia, México había mantenido una prima de resiliencia gracias a su previa disciplina fiscal. Sin embargo, mientras otros mercados emergentes avanzaban en reformas de consolidación, los desvíos repetidos de las metas presupuestarias en México mermaron la credibilidad de sus anclajes macroeconómicos, estrechando la brecha competitiva que el país poseía para atraer capitales, en otros años.