Desde el título, la novela incomoda: la mugre es aquello que evitamos, lo que veces limpiamos y otras ocultamos. Sin embargo, Padilla propone mirar hacia otro tipo de suciedad, una más profunda, que se acumula en el interior y que, como el sarro en las tuberías, termina por obstruir y dañar.
Las relaciones de Irene son tensas y contradictorias, reflejan un duelo no resuelto que tiene su origen en un episodio oscuro de su juventud. La autora, quien además es terapeuta, construye un relato que no busca suavizar la experiencia, sino evidenciarla.
A través de Irene, nos invita a reconocer aquello que duele y a asumir la responsabilidad de enfrentarlo, ya sea mediante el acompañamiento profesional o el acercamiento a redes de apoyo que realmente sostengan.