Tu primer proyecto en moda
fue Porfirio, ¿cómo nació?
Fíjate que me gustan mucho las chamarras de piel. Mandé a hacer una inspirada en una marca europea, que es el top de chamarras de piel, con un tío que tenía una fábrica. Cuando mis amigos la vieron empezaron a preguntarme dónde la había comprado. Y es importante recalcar que nunca lo vi como negocio, fue más como algo entre amigos. Pero después de haberme animado a vender en un evento y tener éxito, fue que comencé con la idea.
Así comienza Porfirio, entre pruebas y errores. Es más, ni siquiera el nombre me convencía, pero seguimos adelante y gracias a un crowdfunding, gente de todo el mundo nos compró. Después vino la pandemia y nos tuvimos que reinventar porque tuvimos que aprender sobre la marcha todo el tema digital, y perdimos mucho, pero una colaboración con Andy Benavides nos benefició mucho para darnos a conocer. Tiempo después llegamos al Fashion Week.
Sin embargo, con el crecimiento de Porfirio también llegaron diferencias importantes. Fue un momento muy difícil porque había invertido años de trabajo en ese proyecto. Tomar la decisión de dejarlo no fue fácil, pero entendí que era necesario para seguir avanzando.