Cuando tu cuerpo se manifiesta

¿Te has visto forzado o forzada a tomar una decisión, toda vez que tu cuerpo te lo pide? La vida, en su etapa personal, familiar, laboral, profesional y social, tiene momentos complejos que nos permite verlos como retos, trabajar en ellos y vencerlos. Pero otros no, son complicados y nos impulsan a tomar decisiones.

Por ejemplo, cuando en el trabajo realizas lo que te toca, haces actividades extra por iniciativa propia, tus compañeros te tratan bien, pero tu puesto no da para un ascenso más, vienen los enojos, las frustraciones, la depresión, entre otras cosas.

Estas reacciones ya provienen de tu cuerpo que, con el paso de los días, semanas y meses en el que la situación marcha igual, sin avances ni novedades, comienza a reaccionar y a manifestarse de que algo no anda bien o que no se siente cómodo con la situación. Y quizás no desees sentirte así, sin embargo, es una reacción natural del organismo, una auto defensa, por así llamarlo.

Ronchas en el cuerpo, dolores en las coyunturas, dolor de cabeza prolongado, tristeza, reducción considerable del sentido del humor, son algunas manifestaciones biológicas que son evidentes, tanto para la persona que lo vive como para sus seres cercanos.

Y ahí viene lo importante, detenerse, mirarse al espejo e interiorizar, para identificar las causas, y especialmente, encontrar soluciones para detener esa situación que daña al organismo. ¿Cómo? Mediante la toma de decisiones. Dicha toma de decisiones debe ser analizada profundamente, con un nivel de conciencia máximo, que nos permita afrontar la situación con firmeza, valentía y entereza.

El futuro de nuestros hijos es hoy, no es mañana, como suele decirse.

Sin embargo, esta decisión debe ser acompañada de un plan de acción, sean cuales sean las circunstancias, por dos sencillos motivos: para detener la situación adversa en la que está implicada la salud física y dos, para suplirla con lo que consideramos más viable, que sabemos cubrirá la necesidad que tenemos, que revertirá esta situación y nos hará sentir mejor.

Este proceso obviamente lo podemos vivir solos, solamente con el apoyo de nuestros más cercanos, pero si la situación es mayor o es más sensible, lo más recomendable es acudir con un especialista, como un psicólogo o un psiquiatra.

Dicen que venimos a ser felices, no a ser perfectos, por lo cual, debemos valorar el tiempo y el lugar donde nos desarrollamos y ajustar en el momento más oportuno, para nuestra propia salud y bienestar.

El futuro de nuestros hijos es hoy, no es mañana, como suele decirse.

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juanpabloponce@impaktacomunicacion.com

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